domingo, mayo 19, 2013

Los demagogos iracundos


Por: Rafael Hernández Bolívar

Los mismos que hasta hace pocos días despotricaban contra el gobierno bolivariano, porque a través de sus misiones sociales supuestamente se fomentaba la flojera de los venezolanos y el paternalismo del Estado, son los mismos que hoy elevan su airada protesta hacia la decisión del Presidente Maduro de diseñar un programa para que cada venezolano beneficiario de una vivienda construida por el gobierno, de acuerdo a sus ingresos y en el lapso conveniente a sus posibilidades, pueda pagar dignamente el bien recibido.

Al unísono, Henrique Capriles y Antonio Ledezma, exhiben sus ensayadas poses de indignación. El primero, con el rostro tenso, desfigurado por las venas marcadas, los ojos saltones y la expresión hostil, drenando odio, dice: "Es inaceptable que en un país con tanto petróleo,  se le cobre al pueblo por su casa". Y agrega que él nunca haría tal cosa. Calla, por supuesto, que no cobraría casas al pueblo porque jamás las construiría.

Ledezma, refugiado en ofensivos mensajes en twitter, se esfuerza en escribir insultos y pedir al gobierno que rompa sus compromisos de integración latinoamericana antes que exigir un centavo a los beneficiarios de viviendas. Su anhelo es una Venezuela aislada y débil, a merced de los gringos y los poderes imperialistas.

Expresan su profundo desprecio por la dignidad y el sentido de solidaridad del pueblo venezolano. No comprenden lo que significa  para una familia el sentimiento de logro y autoestima generado por la conciencia de tener una vivienda fruto de su esfuerzo. Son ajenos a la solidaridad que significa los pagos mensuales que alimentan el fondo con que el gobierno construye nuevas viviendas para más venezolanos.


La medida, a la par que económicamente necesaria para la persistencia en el tiempo de la GMV, tiene una importante labor pedagógica en un pueblo con mayores niveles de conciencia social, política e integracionista.

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