martes, marzo 29, 2016

Necedades de tecnócratas


Por Rafael Hernández Bolívar

He visto en la televisión española un programa destinado a explorar el futuro de la sociedad humana. Se trata de entrevistas a prestigiosos investigadores de disciplinas científicas, de las llamadas puras y también del campo de las ciencias sociales, quienes se aventuran a imaginar cómo será el mundo dentro de treinta años, fecha en la cual el periodista supone que no estará entre los vivos, lo que da el nombre al programa: "Cuando ya no esté". Está concebido como un ciclo de programas y dirigido por el periodista Iñaki Gabilondo.

En el segundo programa del ciclo fue entrevistado un venezolano cuyo nombre no recuerdo (de apellido Cordeiro) y, a decir verdad, después de escucharle, tengo poco interés en averiguar su nombre. Presentado como profesor fundador de la Singularity University (financiada por Google) y entusiasta promotor de algo así como los derechos humanos de las computadoras. 

Habló, entre otras cosas, de la vida eterna gracias al avance científico y tecnológico, con un convencimiento y una fe digna de un pastor evangélico de esquina provisto de un megáfono. Decía no tener dudas de que él vivirá eternamente no sólo porque sea posible ir sustituyendo los órganos y tejidos caducos sino también porque cree posible que a más tardar en veinticinco años será posible reprogramar el envejecimiento hasta el punto que la persona privilegiada decida qué etapa de su existencia vivirá eternamente, aunque quizás todos se decidan a vivir una juventud sin fin.

Escuchándolo, pienso que el pastor evangélico tendría una ventaja sobre este predicador tecnócrata al tocar el punto que éste último ignora: La salvación de todos.

El tecnócrata, aun suponiendo que la posibilidad teórica se haga realidad, sólo podría ofrecer esa vida eterna a quienes puedan pagarla entre el restringido número de privilegiados de la clase más alta que existe en el minúsculo número de los países más ricos del mundo.

martes, marzo 15, 2016

Sin perdón


Por Rafael Hernández Bolívar

Uno de los hechos más dolorosamente decepcionantes de la actual crisis de refugiados africanos y asiáticos ha sido la conducta de los gobiernos y los organismos regionales europeos. Con una indiferencia pasmosa ante el dolor y el sufrimiento de miles de personas que huyen de la guerra, Europa tira al cesto de la basura los valiosos principios sobre la solidaridad y los derechos humanos fundamentales que proclamó durante años para prestigiar su hoy supuesto ideario humanista. 

Tal conducta no tiene perdón. No digamos ya por la responsabilidad directa que tiene en los conflictos que han provocado esta inmensa ola de sufrimiento: Haber realizado una guerra invasora amparada en informes mentirosos sobre amenazas inexistentes y, siempre de acuerdo a sus intereses económicos y de dominación específicos, haber armado guerras en países estables y conducirlos al caos y a la destrucción. 

Me refiero a las frases altisonantes que adornan los discursos de los dirigentes, a las declaraciones y las proclamas que dan solidez a sus instituciones. Todo eso ha resultado huero, sin contenido real. Frases que sirven para alimentar los discursos de ocasión; pero, no comprometen acciones reales.

La preocupación que llama su atención es la de impedir que los refugiados lleguen a Europa y perturben el relativo bienestar. Afloran los peores sentimientos y las más atrasadas expresiones políticas: Racismo, nacionalismo, discriminación, etc. Construyen vallas, hacen las fronteras infranqueables, los abandonan a la voracidad del mar o las inclemencias del frío. Inútilmente; pues, nada les detiene; la desesperación no reconoce obstáculos.

Ahora los gobiernos de la euro zona apelan a una acción mafiosa: Contratar a países para que apaleen a los refugiados, les impidan llegar a Europa y los obliguen a regresar a los países en guerra o en la miseria. En fin, el neoliberalismo se muestra en toda su crudeza.

martes, marzo 01, 2016

La corrupción de los otros


Por Rafael Hernández Bolívar

Parece que no es tan cierto lo que dice Descartes acerca del raciocinio como la característica humana más democrática, base fundamental a partir de donde se define la filosofía, la ciencia, la cultura, la política, etc. Hoy no parece tan claro cuando uno se da un paseo por el desempeño de la conducta humana en todas las esfera de la vida social. 

Por lo menos, en lo que a países se refiere, más bien parece la corrupción quien ocupa ese lugar como conducta predominante en las gestiones de los gobiernos y las instituciones en cualquier país del mundo. No queda títere con cabeza: Los lideres políticos, la iglesia o el ejército, el deporte, etc., sin contar el amplio espectro asociado a la delincuencia y a los violadores tradicionales de la ley.

Triste consuelo de tontos, diremos con razón. Pero resulta repugnante descubrir que los personajes paradigmáticos, definidos como tales por ellos mismos y sus cómplices, pretenden hacer de predicadores de la honestidad y la transparencia. Son los personajes que pasean su pretendida imagen impoluta en los escenarios internacionales censurando y organizando conspiraciones y sabotajes contra países que sencillamente tienen posiciones soberanas de defensa de sus legítimos intereses. Pero sus censuradores, hechos de barro flojo y putrefacto, a la simple revelación de la verdad, se precipitan al suelo convertidos en añicos. 

Es lo que se ha venido demostrando recientemente en la política española. Mariano Rajoy y toda la camada de la dirigencia del Partido Popular ocupan las portadas de los diarios en los últimos años no por sus logros políticos sino por los hechos de corrupción en los que están sus acólitos inmersos de manera total. Cada semana -y casi cada día- aparece una nueva trama de corrupción y nos abismamos ante las magnitudes astronómicas de los montos desfalcados por los sujetos vinculados al clan.

El escándalo de esta semana, es la hija de José María Aznar y diputados del PP disfrutando de vacaciones en el yate de la trama Gurtel, atendidos por los propios cabecillas de la banda.