miércoles, diciembre 28, 2011

El precandidato Antonio Ecarri


Por: Rafael Hernández Bolívar


Lo mínimo que pueden esperar los caraqueños de un aspirante a dirigir la Alcaldía del Municipio Libertador es que ese candidato tenga un conocimiento profundo, comprensivo y vivencial de la realidad geográfica, económica y social de Caracas. Verán con justificado desdén a quienes caen cual paracaidistas sobre su cotidianidad de lucha, trabajo y dificultades. No encontrarían arraigo en sus proposiciones ni podrían reconocer en sus gestos la solidaridad nacida de quienes se encuentran en las trincheras defendiendo o conquistando reivindicaciones. Esa es la tragedia de algunos de los precandidatos de la oposición para Caracas.

Antonio Ecarri es valenciano. Pero, a las carreras, ha devenido en improvisado caraqueño. Su curriculum vitae habla de sus estudios en Valencia, por lo menos, hasta 1999. Es decir, que su infancia, adolescencia y juventud las vivió en esa ciudad. Recién se está familiarizando con Caracas, con su geografía, su división territorial, sus problemas, su gente, sus tradiciones culturales; recién ha puesto al día sus cambios en el Registro Electoral, etc. Las consecuencias de este cursillo intenso es una indigestión de datos inconexos, superficiales, sin estructura. Indigestión que no puede ocultar la intensa campaña mediática que promueve su precandidatura por la MUD a la Alcaldía Libertador.

En el fondo se trata de una concepción de la política y de los electores. ¿Dónde se ganó Ecarri el derecho a ser precandidato y pugnar por ser el Alcalde de Caracas? ¿Es un líder surgido de las luchas del pueblo, comprendiendo sus problemas y dirigiendo sus luchas? ¿Acaso de un conocimiento profundo de sus peculiaridades y de la elaboración de propuestas originales y plausibles surgidas de ese conocimiento? ¿Una compenetración con sus habitantes y sus ajetreos cotidianos? Nada indica que de allí derive su liderazgo. Más bien parece que hunde sus raíces en la tradición cogollérica de los partidos venezolanos; en la habilidad para asociarse con la gran prensa y la televisión y para colarse en fundaciones e instituciones y ponerlas a trabajar a favor del proyecto personal.

No obstante, estas gruesas deficiencias las supera con creces su vocación de zamuro. Vuela a la caza de la carroña. De un fogonazo vislumbra la tragedia y se lanza raudo sobre ella en aras de sacar algún provecho. Si los fuertes aguaceros abren un hueco en la vía o vuelan una alcantarilla, allí aparece presuroso Antonio Ecarri para tomarse la foto de rigor. Si de una víctima de la delincuencia se trata, allí estará sacándole a sus mofletes una expresión cariacontecida que pueda darle algún dividendo político. Su capacidad para aprovecharse de los muertos ya quedó ampliamente demostrada en la  gestión depredadora  que ejerció sobre la Fundación Uslar Pietri. Esta Fundación trastocó su noble misión cultural en una vulgar plataforma de proyección política y convirtió al venerable escritor en un proselitista post mórtem de las ambiciones personales del señor Ecarri. (Ver: http://www.aporrea.org/actualidad/a130906.html).

La incursión del día de hoy es cuestionar una frase inobjetable del Alcalde Jorge Rodríguez sobre los trabajos de ornato y seguridad que se han desarrollado en el casco central de Caracas y, como consecuencia de ello,  el clima humano que progresivamente se está conquistando en este sector de la ciudad. Ecarri salió diligente a buscar muertos que desmintieran esa afirmación y ante la ausencia de éstos, extendió el casco central hasta San Martín y Antímano y allí hurgó hasta conseguir crímenes que le permitieran poner en duda la afirmación del Alcalde.

El punto medular es que quienes durante años hemos sido asiduos visitantes del centro de Caracas –que no es el caso de Ecarri- si podemos distinguir entre un centro caótico, carreras y gritos frecuentes, buhoneros perseguidos por la policía, los gritos de “agárrenlo” ante un delincuente que huye, la desesperación de una dama ante el arrebatón de su cartera, un atraco con disparos, etc., y otra imagen de la ciudad más amigable, con edificios restaurados, opciones culturales, presencia policial, crecimiento del espacio público, etc. El mismo alcalde, lejos de minimizar el problema de la inseguridad ha dicho con toda propiedad que es un problema estructural en donde a pesar de los esfuerzos realizados aún hay mucho trabajo por delante y sigue siendo una prioridad para su gestión. Pero es innegable que, por lo menos, en el centro de Caracas se vislumbran cambios hacia una ciudad posible, humana, hermosa.

rhbolivar@gmail.com

miércoles, diciembre 07, 2011

Molestos, inconformes e indecisos


Por: Rafael Hernández Bolívar

Chávez ha utilizado estas tres categorías para referirse a los revolucionarios que no se han incorporado a las tareas de la revolución y de la transición al socialismo. Además de reconocer la existencia de personas que se encuentran en estas posiciones, ha planteado la necesidad de ir por ellos e invitarlos a integrarse a este proceso, con miras a profundizarlo y fortalecerlo.

Hay que asumir este reto sin prejuicios ni complejos, con la decisión de una tarea fundamental para el avance del proceso revolucionario. Acercamiento que debemos hacer con pies de plomo para garantizar que sea una experiencia exitosa y no otro intento fallido por conseguir la necesaria unidad de los revolucionarios.  Hay que hacer un esfuerzo por comprender las razones del inconformismo, de la molestia, de la indecisión. Y, sobre todo, discutir de manera franca, honesta y con voluntad de acuerdos. Antes de unirse y para unirse es necesario discutir, recuerda Lenin.

No es, por supuesto, un esfuerzo en una sola dirección. Todo verdadero revolucionario debe estar convencido de la necesidad de converger en una plataforma de lucha fundamental. El enemigo que tenemos delante es poderoso. No porque goce de un extraordinario apoyo popular sino porque trabaja sobre la cultura del capitalismo, sobre falsas creencias arraigadas en el seno del pueblo; porque tiene extraordinarios recursos económicos y mediáticos; porque tiene el apoyo internacional de los centros de poder mundial.

Tal acercamiento debe trascender lo electoral. Sin duda cada proceso electoral es vital para el afianzamiento de la revolución. Es una oportunidad para el afianzamiento de las ideas socialistas, para la consolidación del poder del pueblo. Pero, igualmente el acercamiento debe apuntar a la incorporación efectiva de los revolucionarios a las tareas cotidianas de la revolución.  Hace falta mucha gente porque las tareas son grandes, muy grandes, y el enemigo poderoso. Pero la unidad de los revolucionarios integrados al pueblo nos hará invencibles.