miércoles, junio 06, 2012

El neoliberalismo en bancarrota


Por: Rafael  Hernández Bolívar

El neoliberalismo no levanta cabeza en ninguna parte. Sus fórmulas, otrora receta universal para las economías de los países, no pegan una y sólo acentúan los fracasos. Seis largos años de crisis sin que se vea luz de salida. Ni las guerras  han podido insuflarle un segundo aire a un capitalismo agonizante.  En otros momentos permitían mover la economía imperial y concentrar las preocupaciones de la gente en la angustia de la sobrevivencia física. Hoy no, todo falla.

Rajoy llega a la presidencia del gobierno español con el discurso de que la falta de confianza en un gobierno con ambigüedades socialistas –aunque de socialista sólo tenía el nombre- mantenía a los inversionistas alejados de la economía y que un gobierno como el suyo, frontalmente cuadrado con el gran capital, traería una lluvia torrencial de grandes inversiones. No sucedió así. Al revés, cuando el capital financiero percibió que la crisis tiende a prolongarse, sale en desbandada de la economía española. Para el primer trimestre del año se fugan noventa y siete mil millones de euros. Sólo en el mes de marzo se calcula que salieron sesenta y seis mil millones de euros. Y algo más sorprendente: El mayor porcentaje de ese capital fugado pertenece a los bancos españoles. Se descubre lo evidente. El capital no tiene patria.

Pero en Venezuela los trasnochados predicadores del sueño neoliberal  se aferran a tal fantasía. “Progreso”, “emprendedores”, “libre mercado”, “indicadores macroeconómicos”, “inversión extranjera”, etc., son las palabras que procuran ocultar la ausencia de un real programa de transformación profunda de la sociedad venezolana y resolución de los problemas de educación, salud, seguridad, alimentación, vivienda, empleo, etc. El programa de Capriles luce vacío. No tiene corazón de pueblo. Sólo expresiones  huecas, carentes de sentido y de credibilidad.

Se acabó el sueño neoliberal. No hay manera de atender a las grandes mayorías y a la sobrevivencia del planeta sin tocar los sagrados intereses del gran capital. No hay más opción: ¡socialismo o barbarie!