domingo, enero 21, 2018

Hausmann, mayordomo del FMI


Por Rafael Hernández Bolívar

La desesperación es mala consejera. El neoliberal Ricardo Haussmann ha pasado de promotor de la “modernización” del Estado a troglodita en materia de derecho internacional y de derechos humanos.

Esforzado servil
Agatha Christie dice de uno de sus personajes: “… sigue siendo el perfecto mayordomo. Sólo ve lo que quieran que vea”. También Ricardo Haussmann, como rastrero mayordomo de los gringos, tiene esa característica. Pero en su caso hay que agregar que también escucha, dice o hace lo que le ordenan que escuche, diga o haga. Aunque, a juzgar por los resultados a lo largo de dieciocho años de fracasos, no tiene la capacidad ni la eficacia que tiene el personaje de Christie.

El pasado 2 de enero -en ajustada armonía con los intereses norteamericanos- publicó un artículo nauseabundo intitulado El día D para Venezuela. De acuerdo al periodista escuálido Armando Durán, ese artículo es un misil que lanza Hausmann como acción de sabotaje a las conversaciones entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición. Quiere romper el diálogo que, con el auspicio de distinguidas personalidades de buena voluntad, se viene desarrollando en República Dominicana. Persigue introducir elementos de tensión y obstáculos insalvables.

En realidad, pretende mucho más que eso: convencer de que no hay otro espacio para los opositores distinto a la conspiración y a la negación de la democracia. Desprecia la libre elección a los gobernantes por el pueblo y proclama que los problemas del país se resuelven entregando su soberanía al sacrosanto poder de los EEUU. Y, una vez más, como en innumerables intentos anteriores, busca convertir arbitrarias cifras estadísticas en sustento inapelable de las descabelladas posiciones políticas de sus amos.

Estadísticas para mentir
Dos personas acuden a una pollera de la avenida Urdaneta. A la mesa que ocupan se sirve un pollo que come uno de los dos comensales. El que disfrutó del pollo le pide a Hausmann que elabore un estudio estadístico de lo ocurrido y el diligente mayordomo haciendo tal cosa dice que considerando que son dos las personas que integran el universo de comensales de la mesa, es evidente que cada uno se comió en promedio medio pollo. 
–Eso no es verdad. Yo no he comido nada –dice quien sólo vio comer. 
Hausmann riposta de inmediato: 
–Usted se calla. ¿Quién es aquí el experto? ¿Usted o yo?
–Usted será el experto; ¡pero el que no comió fui yo! –dice el otro. 
–No. Usted si comió medio pollo. Las estadísticas no mienten–concluye Hausmann.

Para Hausmann las estadísticas no agrupan datos sino que explican fenómenos; no describen relaciones entre variables presentes en un determinado proceso sino que establece la relación causa efecto entre ellas; no calcula probabilidades de ocurrencia de variaciones sino que establece certezas absolutas.

Por supuesto, tal concepción explica la ridiculez extrema en que terminó su pretendido alegato “científico” para demostrar su “hipótesis de fraude” en el Referendo de 2004: A la Fundación Carter le bastó echar un vistazo al “sesudo” informe para calificarlo de inconsistente e irrelevantes sus conclusiones, amén de pulverizar los supuestos metodológicos y el evidente sesgo en la recolección e interpretación de los datos. En esa ocasión la aureola académica mordió el polvo y sus actuaciones posteriores se han empeñado en mantenerla en ese lugar.
Basta con revisar su modus operandi: Desconocer sistemáticamente otras versiones que niegan el relato de los intereses imperialistas, utilizar referencias periodísticas que no son más que propaganda, recoger chapuceramente datos que refuerzan la concepción que tiene sobre lo que está pasando en el país, predecir crisis, asfixia financiera, bloqueo de créditos, desabastecimientos, hambrunas; repetir todo esto durante años, a la par que trabaja y gestiona ante organismos internacionales y países imperialistas para que conviertan en realidad sus predicciones. Luego, cuando esa guerra infernal produce daños parciales o importantes, presentarse como el audaz analista capaz de ver el futuro con años de antelación.

Hausmann se desnuda
Al final, los desvaríos y afanes sin recompensas políticas –aunque si probablemente monetarias- han terminado por volar los pocos puentes que mantenía con la realidad y con el ejercicio básico de la razón. El dique de prudencia, la imagen políticamente correcta y el pudor se hicieron añicos en la última iniciativa planteada por este despreciable sujeto.

Si acaso suena abusivo utilizar el adjetivo “despreciable”, me permito preguntar: ¿Cómo calificar a quien ruega a diversos gobiernos para que constituyan una alianza internacional que invada a nuestro país que es también el suyo? Llamarlo enemigo de la patria o enemigo político es, en cierta forma, otorgarle un honor, un reconocimiento relevante a quien no es más que un zarrapastroso moral. ¿Pedir que destruyan tu país y se instalen en él intereses foráneos o sus representantes?

¿Puede pensar que la inmensa mayoría de los venezolanos, incluidos no poco opositores al gobierno, va a contemplar impasible las muertes y la destrucción que conlleva la invasión al país por fuerzas imperialistas? 

El artículo también es un rosario de lamentaciones por los fracasos acumulados. Desde el ascenso de la Revolución Bolivariana hasta ahora, Ricardo Haussmann lo ha intentado todo… ¡inútilmente! 

Haussman se desespera. No tiene ningún prurito en relatar sus esfuerzos personales para acentuar el sabotaje económico. Sin embargo, el gobierno no cae. Ni la crisis ni el apoyo de la derecha internacional han resquebrajado la firme unidad del pueblo. La oposición luce hoy más débil.

Su último desvarío: Propone que la Asamblea Nacional en desacato destituya al Presidente Maduro, designe un nuevo gobierno que, de inmediato, solicite una invasión a Venezuela por naciones cómplices de la felonía, suponiendo con ello que burlaría al Consejo de Seguridad de la ONU y, por tanto, a Rusia y a China. 

Hausmann supera a Trump, por lo menos en cuanto a locura se refiere.