lunes, abril 22, 2013

Catilina y los escuálidos

Por: Rafael Hernández Bolívar

Hay curiosas similitudes entre la conjuración de Catilina contra el Senado romano y la conspiración de los escuálidos contra el gobierno bolivariano y las instituciones del Estado Venezolano. Al igual que hoy, la oposición de ayer, desesperada ante las derrotas en su pretensión de ocupar el cargo de Consul, optó por la conjura. Desde su posición en el Senado conspiraba para liquidar las autoridades legítimas y hacía esto de manera ostensible y descarada, ante ojos y oídos de todos.

Tal situación llevó a Cicerón, el insigne orador, a increparlos directamente. En una reunión del Senado, dirigiéndose al jefe de la conjuración, dijo: “¿Hasta cuándo, Catilina, has de abusar de nuestra paciencia? ¿Cuándo nos veremos libres de tus sediciosos intentos?... ¿No te arredran ... ni la alarma del pueblo, ni el acuerdo de todos los hombres honrados,  ni las frases y semblantes de todos los senadores? ¿No comprendes que tus designios están descubiertos? ¿No ves que tu conjura fracasa por conocerla ya todos? ¿Imaginas que alguno de nosotros ignora lo que has hecho anoche y antes de anoche; donde estuviste, a quienes convocaste y qué resolviste?” 

En fin, hasta cuando te reúnes con nosotros en el Senado, participando de sus discusiones y acuerdos, mientras conspiras contra el Senado y sus miembros.

Pero, aquí acaban las coincidencias. Catilina, más valiente y con más vergüenza que los conspiradores criollos, ante tal emplazamiento, encabezó el ejército de los conjurados y presentó batalla, aunque consiguiendo la muerte en el intento. En el caso de la derecha conspiradora venezolana, cada desenmascaramiento sólo sirve para que emprenda otra aventura, tan insensata y condenada al fracaso como las anteriores, causando daños materiales y humanos en el intento.


Digámoslo como Cicerón: Quo usque tandem abutere, escuálido, patientia nostra?