domingo, octubre 30, 2011
No hay motivo de orgullo
jueves, octubre 27, 2011
Indignados, la realidad sigue allí
martes, octubre 25, 2011
Las razones del asesinato de Gaddafi
sábado, octubre 22, 2011
La barbarie sobre territorio libio
sábado, octubre 15, 2011
Ernesto Che Guevara, el indignado mayor
sábado, octubre 08, 2011
No es la crisis, es el capitalismo
miércoles, septiembre 28, 2011
Uslar Pietri no pega una
Por: Rafael Hernández Bolívar
jueves, septiembre 15, 2011
"Hay que terminar el trabajo"
También ha dicho “aquellos que cometieron crímenes o que robaron al pueblo libio tendrán que dar cuentas. No puede haber perdón” y, como colmo de ironía, agrega: “no somos nosotros, son los libios los que deben elegir a sus dirigentes”. ¿Qué mundo vivimos? ¡Y hay quien justifica que para quitar del medio a Kadafi sea bombardeado un pueblo, sean destruidos sus puentes, sus carreteras, sus industrias, sus ciudades; se dé muerte a sus habitantes, se roben sus reservas, se repartan sus recursos y se comprometa su futuro por generaciones. Negocio redondo: le quitan a los libios su dinero para destruir el país y le arrebatan su petróleo para reconstruirlo a imagen y semejanza de los intereses imperialistas.
sábado, julio 09, 2011
Todos se conmueven frente a tu cadáver
Todos se conmueven frente a tu cadáver. Todos miran con asombro el hilo de sangre impresionantemente rojo, sin vericuetos, obstinado, recto como el trazo de un disparo que parte de tu cuerpo hacia la conciencia de los asesinos y de los demás también. El piso frío de una estación de bomberos soporta el verbo enmudecido de tantas experiencias vividas, sentidas, sufridas, comunicadas. El verbo que emocionó mis años de adolescencia y de despertar del mundo. La lucha por el espíritu es también la lucha por un mundo mejor.
Ambos brazos descansando a los lados, inertes, con la serenidad que no pudo sucumbir a la angustia del último minuto.
Veo tu cuerpo sobre el pavimento y siento que, de repente, desaparecen los componentes de la imagen fotográfica. Se pierde la gente estupefacta y sin respuestas que estaba a tu alrededor. Los árboles también se hacen invisibles, los carros de bomberos, el vehículo que te desplazaba y al que ametrallaron los criminales. Los destrozos que ocasionaron las balas que perseguían tu cuerpo tampoco están. No hay huellas de tu asesinato.
Sólo veo tus brazos descansados, tus manos abiertas, tus ojos tragándose la luz. Sólo veo tu cuerpo flotando en el espacio cósmico, sin más asidero que la palabra que engendró vida, sueños y amor. Un volcán de emociones maceradas a lo largo de tanto sufrimiento propio y ajeno. De tanto sentimiento aprendido en las palabras de los iguales, de la incertidumbre aprendida tempranamente; pero, siempre sorprendente en la última tragedia.
Y ahora, ya ni siquiera veo tu cadáver ensangrentado sobre el pavimento. Ahora sólo veo al caminante de mil caminos que emprende su más largo viaje, como una inmensa nave intergaláctica que lleva dentro de sí todo el universo.
Y el hilo de sangre roja, impresionantemente roja, sólo es una estela de estrellas, un cúmulo plural de mundos infinitos que hoy empozan las lágrimas a lo Vallejo: Tanto amor y no poder nada contra la muerte.
Caracas, 09/07/2011
miércoles, junio 22, 2011
Cuando se corrige para peor
Por: Rafael Hernández Bolívar
Recién ayer me entero de que el Comité de Redacción del diario Independencia 200 publicó el 16/06/2011 en aporrea.org una elegante, amable y tolerante explicación a un error observado por mí en su publicación resumen del año 1815. Se trata, según explican, de un error de redacción que se subsanará a través de una fe de erratas que se publicará en nuevas reimpresiones. Esta dirá lo siguiente: Donde dice “Hace un año le tocó vencer al enemigo Vicente Campo Elías en La Puerta”, debe leerse:: “Hace un año le tocó combatir al enemigo junto a Vicente Campo Elías en La Puerta”.
Ahora bien, al error anterior, la corrección le suma uno nuevo: Vicente Campo Elías y José Félix Ribas no coincidieron en ninguna de las tres batallas de La Puerta que se conocen en la historia venezolana: En la primera (3/2/1814), participa Campo Elías; pero, no José Félix Ribas. En la segunda batalla (15/06/1814), pudo haber participado José Félix Ribas; pero, no Campo Elías que para esa época ya había muerto. Y en la tercera batalla (1818) –que algunos historiadores dicen que se denomina incorrectamente La Puerta- no participaron ninguno de los dos porque ambos habían muerto. De las tres batallas, en la única en que cabría la posibilidad de que participaran juntos, pues ambos estaban vivos, era en la primera Batalla de La Puerta. Pero no he conseguido entre el material que tengo a la mano ninguno que lo confirme: Ni las cartas de Bolívar, ni los trabajos de Blanco-Fombona, ni la Historia de Venezuela de Siso Martínez, ni la biografía de José Félix Ribas de Juan Vicente González, ni el Diccionario de Historia de Venezuela de Polar, ni las notas de Mijares, de Uslar Pietri, de Picón Salas. Por el contrario, hay indicios de que no estuvo allí: Siempre se menciona que Campo Elías fue derrotado en La Puerta. No dicen que Campo Elías y Ribas fueron derrotados en La Puerta. ¿Por qué Campo Elías debía asumir él solo la derrota si participaron los dos? Esto es menos comprensible si sabemos que el de mayor rango era Ribas. Parece ser que Ribas se encontraba en Caracas en dónde, por instrucciones del Libertador -dadas al conocerse la derrota de La Puerta-, se ocupa en reclutar a estudiantes y seminaristas que luego participarían en la Batalla de La Victoria.
Es decir: No hay error de redacción alguno sino simple ignorancia. Además, un error de redacción se produce cuando la interpretación de una oración o de un párrafo es distorsionada por la mala ordenación de los términos que la componen y no porque se dice otra cosa con otras palabras, como sucede en este caso.
Todo esto me obliga a retomar la conclusión inicial que formulé en mi primer artículo: “Concluí que se trataba de algún infame resumen hecho por algún mal estudiante”. Pero, como en realidad esta conclusión no es tal sino una hipótesis no confirmada, me veo obligado también a hacer un esfuerzo para abonar elementos que la demuestren. Veamos:
1. Buscando en internet la asociación “José Félix Ribas”, “Campo Elías” y “La Puerta” me consigo con la siguiente sorpresa: Decenas de páginas web tienen el mismo error que el artículo de Independencia 200: Campo Elías fue vencido por Ribas en La Puerta. Incluso una de ellas va a más: “Venció en La Puerta a Vicente Campo Elías (1814), al frente de un grupo de estudiantes de la Universidad de Caracas y del Seminario”. http://www.biografo.info/biografias/ver/35642/Jos-Flix-Ribas Es decir, es un error común en la web que, el diario Independencia 200, en lugar de rectificar, ratifica.
2. Buscando en el Diccionario de Historia de Venezuela creo descubrir el origen primigenio del error: En la biografía de José Félix Ribas se afirma: “Después de haber vencido a Vicente Campo Elías en La Puerta (3.2.1814), José Tomás Boves organizó 3 columnas; una (Francisco Rosete) marchó a Caracas por los valles del Tuy; otra (Francisco Tomás Morales), por La Victoria se dirigió hacia Caracas; la tercera quedó en Villa de Cura como reserva. De Caracas se dirigió Ribas a La Victoria donde derrotó a Morales…” . Como se ve, alguien entendió, por un problema de deficiencias de destrezas lectoras e interpretativas, que se referían a Ribas cuando es evidente que se refieren a Boves. Esta primera persona redactó una biografía de Ribas con ese error y la colocó en la web. El mágico sistema de copiar y pegar hizo el resto y generalizó el error.
3. Reflexionando sobre este asunto, ahora concluyo, sólidamente, que quien redactó la nota de Independencia 200 no sé tomó muchas molestias y directamente copió una información errónea, sin hacer ninguna evaluación crítica de la misma. Ya esto por sí mismo es un error grave. Pero, habría que sumarle que quien redactó la nota para el diario no tenía idea de quién era Campo Elías porque de tenerla hubiese entrado en cuenta de inmediato en la incongruencia de que se le sumase a Ribas como victoria la derrota de un compañero de causa.
4. Pero, en este punto, me consigo con otras dudas y opciones: A. La dirección del diario Independencia 200 no revisa el material que se publica y, en consecuencia, errores de este tipo circulan a sus anchas. B. La dirección del diario hace su trabajo de revisión; pero, no tiene criterios ni formación que le permitan discriminar los errores. C. La dirección del diario entiende que lo importante es hacer el aguaje, el alboroto, el espectáculo de conmemoración de los 200 años, independientemente de que lo que se publique sea impreciso, banal o falso.
Aspiro a no tener que escribir más sobre este incidente. Sólo quiero reiterar que la idea de hacer un diario por cada años trascurrido de 1811 hasta aquí me parece genial, que puede hacerse a través de su implementación un extraordinario trabajo pedagógico y concientizador, que es una oportunidad para afianzar sólidamente las ideas de transformación revolucionaria y darle carne y espíritu a la esperanza de nuevos tiempos. Por otra parte, hay aciertos que hay que fortalecer. Por ejemplo, la diagramación luce impecable desde el punto de vista estético: atractiva, fresca, colorida, diversa, ágil. La edición -que supongo en centenares de miles- llega a todo el territorio nacional. Recorrer doscientos años de historia venezolana en pequeños tramos diarios hace posible, en términos colectivos e individuales, una revisión de conocimientos e interpretaciones en contraposición a la presentación del mismo contenido en un libro de centenares de páginas que, a su sola vista, puede lucir disuasivo a la intención de leerlo. No conozco ni de referencia a los integrantes del Comité de Redacción ni he buscado información sobre ellos porque no he querido contaminar mis opiniones, a favor o en contra, en función de razones diferentes al producto de su trabajo que muestra el diario.
Pero también me duele que se derroche el dinero y, más aún, que no nos importe; que no se acuda a tantos venezolanos de avanzada, preparados en esta área, que pueden hacer un excelente trabajo. Compañeros, se trata de ser, no de parecer. O, como decía Russell, la mejor manera de parecer honesto es siendo honesto. Lamento si algún adjetivo pueda sonar excesivo o injusto; pero, quizás contagiado por los jóvenes españoles que han reivindicado el derecho a la indignación, siento también que, en estos casos, indignarse, además de un derecho, es un deber.
martes, junio 21, 2011
¿Y es que el dinero no importa?
El primer impulso fue titular esta nota “¿Y es que la historia no importa?”. Pero, después de escrita, pensé que, por las razones que revela, parece que tampoco importa que se pierda el dinero invertido en la investigación y la divulgación de la historia y, quizás por allí debía comenzar la discusión del asunto.
Por segunda vez en una semana y por el mismo motivo, escribo sobre el periódico Independencia 200. (Vez anterior: http://www.aporrea.org/actualidad/a125182.html ). No soy historiador. Tampoco presumo de poseer un conocimiento excepcional de la historia patria. Pero mis pocos conocimientos en ésta área me permiten distinguir algunos datos históricos básicos y olfatear la miopía ideológica de textos como el que aquí comentamos. Para no echar más leña al fuego, me abstengo de fijar la atención en otras notas del periódico.
Ahora, en su Nro. 9, correspondiente al año 1819, el periódico Independencia 200 presenta una caricatura lamentable de lo que fue la Batalla de Las Queseras de Medio, episodio guerrero calificado por Bolívar en su oportunidad como “…la proeza mas extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones.” En escasos 3 breves párrafos, la redacción del diario incurre en errores históricos, imprecisiones, distorsiones ideológicas y ninguneo de héroes que, al ver tal cúmulo de desaciertos, uno tiene la sensación de que el resultado no es producto de la ignorancia o la torpeza sino, más bien, de la mala intención. Para resumirlo diré: No es verdad que los ejércitos estaban “decididos a morir por sus ideales” (en todo caso, el ejercito libertador se enfrentaba por un ideal de independencia; pero, el de Pablo Morillo sólo aspiraba a someter a los rebeldes al dominio español); no es verdad que el “vuelvan caras” se produce como una improvisada respuesta de Páez para corregir un momentáneo descuido de sus seguidores sino que obedeció a una táctica previamente concebida y practicada por el centauro llanero. Decir que Bolívar “envió a Páez a romper las filas españolas” es recortar parte importante de la verdad: La que tiene que ver con que es Páez quien concibe el plan de ataque y lo somete a la consideración del Libertador. Este lo aprueba y, luego, lo aplaude calurosamente en la célebre proclama que informa de la batalla.
¿Por qué empobrecer la historia? ¿Por qué reducir un fenómeno complejo, alrededor del cual confluyen intereses económicos, sociales, políticos y estratégicos, a una lucha de “ideas”? ¿Fue la victoria hija de los argumentos? ¿No sería más bien hija de la astucia, la creatividad táctica, la destreza y el coraje de los llaneros que con 150 hombres infringieron una derrota tremenda a un ejército de miles? Si esto ocurre con el período más estudiado y menos polémico de nuestra historia, ¿qué ocurrirá con períodos como la Guerra Federal, la dictadura de Gómez, la etapa petrolera, los proyectos nacionales, la década del sesenta, etc.? ¿Qué sorpresa nos deparará el tratamiento superficial e irresponsable de nuestra historia?
¿Será que esta Comisión Presidencial para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia de la República Bolivariana de Venezuela concibe la historia como espectáculo para la distracción y los fuegos artificiales? Parecería que no nos interesa comprender nada ni informarnos seriamente sobre nuestro pasado. Ni buscar hilos que permitan comprender lo que pasa en nuestros días. Parece que lo importante es trasmitir la idea de que nos interesa, de que somos capaces de dedicarle recursos y tiempo; pero, nos importa poco si de allí pueda sacarse algún provecho. Colocamos flores en el pedestal de las estatuas y observamos indiferentes que se marchiten sin que signifiquen nada ni inspiren nobleza a nadie.
Pero he aquí que venimos a toparnos con el cochino dinero. La gracia cuesta caro. Un periódico que es distribuido a través de 25 diarios, 2 de ellos de circulación nacional, representa una importante suma de dinero en papel, impresión, distribución, etc. Las 35 personas que integran el equipo del periódico, ¿ejercen sus cargos ad honorem? Las secretarias, diagramadores, los mensajeros, los obreros, etc., ¿también trabajan gratuitamente? Me temo que no. Y creo que la suma de todos los gastos sea una cifra respetable. Y no es que no crea que deba invertirse cantidades respetables en el conocimiento y la difusión de nuestra historia. Hay que invertir eso y quizás más. Pero hay que invertirlo bien, esmerándose por hacer un buen trabajo que cuando menos soporte con dignidad una sana crítica.
No dudo que en los ministerios de Educación y de Cultura exista personal calificado -desde el punto de vista del conocimiento y de la ubicación ideológica avanzada- que pueda asumir una tarea de tanta responsabilidad como ésta, que pueda convertirla en una experiencia pedagógica colectiva y excepcional. O bien, ¿por qué no colocar este periódico bajo la dirección de un personaje de la estatura intelectual de Luis Brito García o de Vladimir Acosta, a quienes no conozco personalmente; pero, si sé de su claridad política, de sus fundamentados conocimientos y su identificación con los valores de nuestra historia? Estamos a tiempo. Quedan aún 191 números por publicar. De no rectificar ahora no sólo perderemos los reales y una oportunidad única para una comprensión crítica y creativa de nuestra historia asumida en términos colectivos, a la par que respetuosa de los aportes de una disciplina tan importante como la historia. También le brindaremos en bandeja de plata un escenario para que la reacción nos devore. La interpretación de la historia está atravesada de posturas ideológicas y su discusión es una posibilidad para enraizar los proyectos de transformación revolucionaria, de dotarlos de espíritu y carne. Es mal presagio presentarse a la batalla con vacíos y confusiones.
jueves, junio 16, 2011
Vicente Campo Elías es héroe patriota
Por: Rafael Hernández Bolívar
No basta con tener buenas ideas: Es necesario implementarlas bien. En caso contrario, terminan por venirse abajo y arrastrar con ellas aciertos y logros. Y, en estos casos, no valen las excusas ni las exigencias de comprensión. De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Aunque, como dicen los cristianos, siempre hay oportunidad para enmendarse.
La Comisión Presidencial para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia de la República Bolivariana de Venezuela decidió publicar un diario durante doscientos días consecutivos en el cual se reseñarían los acontecimientos más significativos de cada año transcurrido de 1811 a nuestros días. La idea me parece genial y veo en la lectura de estos diarios la posibilidad de rehacer nuestra historia republicana y reflexionar día a día sobre los hechos históricos y los esfuerzos de los venezolanos que, para bien o para mal, nos han conducido a nuestra actual situación. Me entusiasmó la idea de refrescar mis conocimientos de historia patria y, además, vi la oportunidad de orientarme un poco entre las inmensas lagunas y dudas sobre períodos oscuros o poco estudiados. Me imaginé que este entusiasmo podría ser compartido y estimulado entre los venezolanos deseosos de conocer su pasado y encontrar elementos de reflexión o inspiración para los retos presentes.
Pero he aquí que en la lectura del día de hoy, correspondiente al año de 1815, recibo un baño de agua fría: En la reseña de la cruel muerte de José Félix Ribas se afirma que en 1814 “…le tocó vencer al enemigo Vicente Campo Elías en La Puerta”. Por esta vía, nada menos que el héroe patriota que auxilió en el momento límite, cuando estaba a punto de caer en manos realistas, la Plaza de La Victoria defendida valientemente por la juventud al mando de José Félix Ribas, es reducido a la categoría de enemigo.
Me impacta el error y mi primera reacción es atribuírselo a una trascripción equivocada. “se sustituyó una palabra por otra”, pienso. Quizás, enemigo por amigo. Pero, de ser así, la frase no tiene sentido: vencer al amigo. Tampoco si la palabra reemplazada por vencer es apoyar; pues, sería “apoyar al enemigo”. Por otra parte, Campo Elías si fue derrotado en La Puerta; pero, por José Tomás Boves y para que allí Ribas fuese vencedor tendría que estar del campo realista. Por más vueltas que le di al asunto no pude justificar el error. Concluí que se trataba de algún infame resumen hecho por algún mal estudiante.
Esto me impacto negativamente por dos razones: 1. Porque desde mi infancia recuerdo la imagen de la nube de polvo que por el camino de San Mateo divisaron los combatientes agonizantes de la Plaza de La Victoria y que los llenó de esperanza y le dió nuevos bríos al combate. No recuerdo donde leí una descripción épica, poética, hermosa, de ese momento: La llegada oportuna del valiente Campo Elías salvando la plaza y frenado la pretensión de los realistas de garantizarse una vía libre a Caracas. Tamaño error en el diario me pareció una afrenta. 2. Porque me hace pensar que el trabajo se ha tomado descuidadamente y me siembra dudas sobre cuanto se escriba en este periódico. Sobre todo en aquellos aspectos en los cuales tengo mayor desconocimiento y menos criterios para distinguir los hechos. Esto es lamentable, porque, lo repito, es una idea genial, y merece una implementación que le haga honor.
¡Ojalá en lo adelante no encontremos errores como éste!
martes, marzo 15, 2011
La peor manera de tener razón
John Donne
Cuando a través de la televisión vi la angustia dibujada en japoneses preocupados por la eventualidad de una explosión en el Centro de Energía Nuclear Fukushima, vino de inmediato a mi memoria una de las pesadillas que presenta Akiro Kurosawa en su película Los Sueños. En ella se trata el tema de la fuga de radioactividad en una planta nuclear, cuyos reactores explotan uno tras otro, y de la desesperación que siembran los esfuerzos inútiles por escapar de una muerte segura. Los personajes pronuncian frases de terror, de impotencia, de rabia, en la medida que presienten los efectos sucesivos que preceden la muerte, bajo un cielo rojo, amarillo y violeta. “Como la radioactividad es invisible, le han puesto color para que sepamos qué elemento nos matará”. Recuerdo también la cara de estupefacción e incredulidad con que la protagonista pronunciaba una frase acusadora: “nuestros científicos aseguraban que no había peligro, que todo estaba seguro, que no habría accidentes”. Y la sentencia lapidaria de otro: “¡Quienes nos mintieron también van a morir!”
La tragedia de Japón reitera lo que con tanta frecuencia olvidamos: La humanidad es una sola y no podemos escapar a lo que afecte a una parte de ella. Esta tragedia también es nuestra. No sólo por el noble sentimiento de solidaridad que hoy embarga al resto del mundo. También lo es por las consecuencias concretas que tal tragedia tendrá en cada uno de los habitantes de este planeta, por alejado o extraño que sea al epicentro de la catástrofe: Los efectos contaminantes en un medio ambiente de suyo contaminado y convulso; las consecuencias para una economía mundial en crisis; las interrogantes y las aprehensiones que arroja sobre las formas alternativas de producir energía y, no menos importante, la actualización en todos los habitantes de este planeta de las peores pesadillas sobre un accidente nuclear fuera de control.
Cuando se afirma que la tierra ha variado la posición de su eje de rotación no es sólo Japón quien lo hizo sino todos los países del planeta y si ahora la tierra acelera una millonésima de segundo más en dar la vuelta sobre sí misma, en realidad, todos aceleraremos ese tiempo, nuestros días serán más cortos y sufriremos todos las pequeñas o grandes consecuencias que estos hechos implican. Si hay contaminación radioactiva, se expandirá a través de las aguas por todos los océanos y contaminará toda la cadena alimenticia, desde las algas que consumen los peces hasta los productos marinos que alimentan al hombre.
Ya, una vez más, los científicos se encargarán de hacer los fríos cálculos del desastre ecológico; tanto los derivados de las incontrolables fuerzas de la naturaleza del terremoto y del tsunami como los derivados de las torpezas del hombre para evitar la catástrofe nuclear que, aprendiz de brujo impenitente, ha desatado fuerzas incontrolables. Los economistas a su vez sacarán cuentas, harán evaluaciones y diseñarán planes que les permitan –tal como suelen decir- “convertir un obstáculo en una oportunidad para ganar”. Por supuesto, para ganar ellos y sus señores, en detrimento del resto de los mortales. Y los expertos en generación de energía determinarán errores, proyectarán a futuro medidas preventivas que minimicen riesgos y reelaborarán nuevas estrategias, ahora sí, más seguras, que se sumarán a las derivadas de Chernobyl, de Castle Bravo, de Three Mile Island, de Tokaimura y tantos otros accidentes. Aquí, como en muchas otras cosas, las decisiones las toman minorías selectas en nombre de la humanidad; pero, las consecuencias las pagamos todos.
Pero, ¿quién paliará esta angustia renovada, esta incertidumbre reiterada en cada catástrofe? ¿No ha llegado el momento de plantearnos las raíces del problema? ¿Qué nos impide ver y evaluar con objetividad los hechos, intuir los intereses en juego y sopesar las opiniones?
Sin duda hay una densa amalgama de datos, ideas y propaganda que adormece las angustias, pospone las iniciativas y nos seduce con la promesa de tranquilidades futuras. Creemos ciegamente en la capacidad infinita de la ciencia para resolver los problemas presentes y futuros. Pensamos que por grande que sea el problema, la ciencia, más temprano que tarde, conseguirá una solución. Estamos persuadidos de que siempre habrá tiempo y de que, al final, se podrá enderezar cualquier entuerto. Abusamos de la naturaleza, agotamos sus recursos y, aún así, creemos que podemos forjar un futuro a imagen y semejanza de nuestras ambiciones.
Esta terrible tragedia debía convencernos de la fragilidad de ese optimismo superficial y mentiroso. Con este esquema de producción que tasa el desarrollo en términos de ganancias económicas inmediatas, sin importar las consecuencias ambientales ni los riesgos para el hombre, ¿no nos estamos condenando todos para bienestar y disfrute de unos pocos? En absoluto me consuela la expresión de uno de los personajes de Kurosawa: “¡Ellos también morirán!”. Prefiero pensar que aún estamos a tiempo de poner un freno a esta locura y que el esfuerzo de todos los habitantes de la tierra o, por lo menos, de su aplastante mayoría, pueda elaborar esquemas de desarrollo más justos, más humanos, más solidarios y más racionales.
No somos los únicos dueños. Este planeta es nuestro y de los demás también: Los contemporáneos y los que estén por venir. Todas estas catástrofes nucleares llamadas eufemísticamente accidentes, ¿no son un terrible adelanto de lo que nos prepara la ciencia y la tecnología al servicio de la inmediatez y los atajos de la voracidad capitalista? ¿Hay espacio para dudar que lo está en juego es la sobrevivencia de la especie? ¿Cuántos cadáveres son necesarios para darle solidez a esta verdad?
jueves, diciembre 09, 2010
El censor en manos de Vargas Llosa
Todo termina por saberse. Tarde o temprano.
Es cosa sabida –y sobre todo, sufrida por los escritores de la época- que durante la dictadura de Francisco Franco existía una maquinaria implacable de censura sobre cuanto se editaba en España. Acción que se ejercía por igual sobre los escritores residentes en España y sobre escritores de otras latitudes que publicaban en territorio español. Pero lo que sí constituye una novedad es constatar el pragmatismo rampante y la disposición colaboracionista de algunos de los escritores censurados, víctimas de ese atropello. Sobre todo cuando hoy se muestran como enconados adalides de la libertad, dispuestos a librar batallas por ella en cualquier parte del mundo. No sólo en donde tal libertad aparece evidentemente vulnerada sino también en aquellos países en dónde se sospecha que sus mal intencionados gobernantes proyectan a futuro socavar las bases que sustentan la preciada libertad.
Esta constatación me produjo un impacto similar al que hace ya algún tiempo me produjo la lectura del libro Eichmann en Jerusalén de Hannah Arendt. Libro éste en donde se reseña la eficiente colaboración que brindaron algunos judíos respetables en el exterminio de sus hermanos de religión. Se dice allí cómo se integraron brigadas de judíos en los ghettos para mantenerlos bajo control; cómo estas brigadas hacían inventarios de los bienes de los residentes para facilitar la labor expoliadora de las autoridades nazis; cómo elaboraban listas de los judíos que serían llevados a los campos de exterminio y cómo perseguían a los desertores hasta alcanzarlos y montarlos en los trenes de la muerte. Me horrorizó cómo, en el momento en que la comunidad internacional ponía barreras económicas a los nazis, los judíos de Israel se convirtieron en un eficiente mecanismo de comercialización de productos alemanes mediante el trueque de estos productos por sus propiedades en Alemania, burlando así las barreras económicas.
A propósito de los múltiples homenajes brindados a Mario Vargas Llosa en ocasión de su recién otorgado Premio Nobel, el diario español El País, en un reportaje intitulado Vargas Llosa en manos del censor, acaba de publicar resúmenes de los informes de censura que elaboraban los funcionarios de Franco sobre las obras del galardonado escritor. Con ello se pretendía presentarlo como una víctima más de la censura franquista; pero, el resultado, a los ojos de cualquier atento lector, es contrario a los objetivos del diario. En realidad han hecho el retrato de un colaboracionista del régimen franquista y han tirado al suelo la imagen de pertinaz luchador por la libertad de expresión y la libertad de creación que inútilmente pretendió vendernos Vargas Llosa.
Efectivamente, en ese momento, los censores califican a Vargas Llosa de “marxista, anticlerical y antimilitarista”. Recomiendan recortes de sus obras y censuran expresiones y párrafos. Pero –y esto es lo terrible e inesperado- reseñan también los esfuerzos de Vargas Llosa para complacer a sus censores: Almuerzo en el Club Internacional de Prensa con Carlos Robles Piquer, director general de Información de quien dependía la censura franquista; revisiones del lenguaje y supresión de párrafos incómodos; disminución del acento en cuestiones que pudieran irritar a los militares; difuminación de las posturas marxistas; y, sobre todo, un silencio estruendoso y conveniente sobre lo que ocurría en España durante la dictadura franquista. Un rédito adicional fue el barniz de tolerancia con que se cubrió el régimen al permitir la publicación de un “escritor rebelde y cuestionador”.
¿Qué fue a decirle Vargas Llosa al censor de Franco? ¿Fue a reivindicar su derecho a libre creación y a la libre expresión del pensamiento? ¿Fue a protestar contra el atropello? Parece que no. Del informe se desprende que fue a negociar. Y cuando tal cosa sucede significa que hay un reconocimiento de las partes en sus derechos: El derecho del censor a censurar y el derecho del escritor a publicar. La pretensión de Vargas Llosa no es cuestionar el derecho del censor sino limitar su acción. ¿Cómo lograr tal cosa? Sencillo: Persuadiendo al censor de que Vargas Llosa es inofensivo para los intereses de la dictadura: Es un buen muchacho dedicado al juego inocente de las palabras y con la mejor disposición de ánimo para la colaboración y la adaptación.
¿Qué nos induce a pensar lo anterior? El informe que de la reunión da el censor Robles Piquer: “Le hice algunas observaciones sobre cuestiones de forma que entendió perfectamente. En aquel momento me preocupaba que la novela pudiera sonar contra los militares". Más claro ni el agua. Es más, un censor deja constancia de los cambios en las obras posteriores: “Desaparece el tono marxista del primer volumen…”.
Pero, objetaría alguien, ¿el censor dijo la verdad sobre este asunto? Pues el mismo Vargas Llosa se encarga de decir que sí. En carta del 17 de julio de 1963 dirigida a Robles Piquer le informa de las modificaciones hechas: suaves pinceladas "introduciendo un clima de ambigüedad a base de eufemismos y frases elípticas", que "que no alteraban en lo fundamental ni el contenido ni la forma del libro". Eso sí, haciendo al final de la comunicación un ritual e insípido saludo a la bandera: “esto en nada modifica mi oposición de principio a la censura, convencido como estoy de que la creación literaria debe ser un acto eminentemente libre, sin otras limitaciones que las que le dictan al escritor sus propias convicciones". No puedo dejar de imaginar la sonrisa que ahogó la carcajada de Robles Piquer al leer semejante frase.
Ahora bien, ¿qué obligaba a Vargas Llosa, en ese momento ciudadano de otro país, a someterse a esa humillante situación? ¡Cuestión de negocios! ¡El mercado editorial español era para ese momento y sigue siendo muy apetecible para todo escritor de lengua hispana! Es de nuevo, el mismo Vargas Llosa quien se encarga de refrendar la verdad. En su discurso en ocasión de recibir el Premio Nobel, refiriéndose a la misma época de reuniones y cartas con Robles Piquer, dice: “Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso -triste consuelo- descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores”. Frente a expresiones de esta naturaleza los abogados suelen decir: A confesión de parte; relevo de pruebas.
También, adicionalmente, en este discurso Vargas Llosa –en este caso no por lo que dice sino por lo que no dice- confiesa su pacto de silencio con la dictadura franquista. Reseñando sus “luchas por la libertad” dice que ha pedido sanciones económicas y diplomáticas a países con regímenes dictatoriales, actitud que ha mantenido “siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de África del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania”. ¿Franco? ¿Dónde está? ¿Y contra Franco, una dictadura tan de verdad como la de Pinochet, en donde vivió por los menos trece años de los cuarenta que duró el régimen? ¿Solicitó alguna vez Vargas Llosa alguna sanción económica o diplomática contra esta dictadura? Parece que sólo hubo silencio durante los trece años que vivió y disfrutó en España hasta la muerte del dictador.
Pero este mismo señor es el mismo que hace apenas unos días llamaba a defender a los “perseguidos” periodistas venezolanos –sin mencionar a ninguno ni especificar ningún hecho concreto- y que se permite decir " siempre habrá peligros emboscados detrás de los poderes. No debemos ser tolerantes ni complacientes. Estamos obligados a situarnos a la vanguardia de la defensa de la libertad de expresión". Más aún, en el discurso mencionado arriba, llega a decir: “las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra”.
Claro, Vargas Llosa, interés personal de lucro y prestigio mediantes, nos ha dado una lección moral de cómo “combatir” a los verdugos: Colocándose a su servicio, complacerlos en sus pretensiones, mirar para otro lado ante las situaciones embarazosas y fabricar silencios glaciales, majestuosos e impalpables. Unamuno dedicó varios ensayos a pensar la relación entre el autor y su obra. Recuerdo en particular uno de ellos, Lectura e interpretación del Quijote, en que afirma que si bien es verdad que hay hombres superiores a las obras que realizan también es cierto que hay obras que son superiores a sus autores y colocaba como ejemplo de esta última relación nada menos que a Cervantes y al Quijote. Yo, modestamente, me atrevo a decir que, independientemente del poco o mucho valor que pueda tener la obra de Vargas Llosa –que a mi juicio es más lo primero que lo segundo- ésta siempre será superior al hombre que la escribió porque la farsa y los farsantes no tienen valor alguno.
rhbolivar@gmail.com
martes, octubre 26, 2010
La cólera de los ricos
Tuve que ir hasta la cabecera de la página para cerciorarme de que estaba leyendo el diario español El País y no un portal crítico como Rebelión o Aporrea. Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, en su artículo de hoy 26/09/10, “Los ricos iracundos”, reseña el malestar y las expresiones irracionales y destempladas que caracterizan la conducta política de los ricos norteamericanos y de los operadores políticos que asumen su defensa. Comparan a Obama con Hitler y lo acusan de ser un instrumento de una conspiración contra el establishment norteamericano. Todo ello por una tímida propuesta de aumento en los impuestos a quienes tienen los mayores ingresos en el país.
“…la minoría iracunda, constituida por personas que sienten que les están arrebatando cosas a las que tienen derecho, está realmente iracunda. Y clama venganza… Hablo de los ricos.”, dice Krugman. Para ser más explícito en la reseña de la situación, el economista agrega: “Estos son tiempos terribles para mucha gente en EE UU. La pobreza, especialmente la pobreza extrema, se ha disparado durante la crisis económica; millones de personas han perdido su hogar. Los jóvenes no pueden encontrar trabajo; los cincuentones despedidos temen no volver a trabajar nunca más.
“Pero si quieren ustedes encontrar auténtica cólera política … no la encontrarán entre estos sufridos estadounidenses. En cambio, la encontrarán entre los muy privilegiados, gente que no tiene que preocuparse por perder su trabajo, su casa o su seguro médico, pero que se siente indignada, indignadísima, ante la idea de pagar impuestos ligeramente más altos.”
Después de hacer una breve descripción de lo que pasa, adelanta que todo esto influirá sobre las decisiones fiscales y presupuestarias que se adopten; pues, en relación a los ricos “es perfectamente posible que se salgan con la suya.” Krugman argumenta: “Es que, verán, los ricos no son como ustedes y yo: tienen más influencia. En parte tiene que ver con las contribuciones a las campañas, pero también con la presión social, ya que los políticos pasan mucho tiempo frecuentando a los adinerados. Así que cuando los ricos se enfrentan a la perspectiva de pagar un 3% o 4% adicional de sus ingresos en impuestos, los políticos sienten su dolor; lo sienten mucho más intensamente, está claro, de lo que sienten el dolor de las familias que están perdiendo sus trabajos, sus casas y sus esperanzas.
“Y cuando la batalla de los impuestos haya terminado, de una manera u otra, pueden estar seguros de que la gente que actualmente defiende los ingresos de la élite volverá a pedir recortes en la Seguridad Social y en las ayudas a los parados. EE UU debe tomar decisiones difíciles, dirán; todos tenemos que estar dispuestos a hacer sacrificios.
“Pero cuando dicen ‘todos’, quieren decir ‘ustedes’. Los sacrificios son para la gente humilde.”
Este excelente artículo, escrito además con un derroche de fina ironía, tiene la virtud de reflejar, a manera de espejo, el comportamiento político de la oposición venezolana y, en general, el pensamiento reaccionario en cualquier parte del mundo. Obama está muy lejos de ser un revolucionario –es una ociosidad decirlo- y hasta ahora su política internacional no se ha desviado ni un milímetro de los intereses imperialistas de su país. Pero, si la simple proposición de un ligero aumento de los impuestos es capaz de desquiciar a los capitalistas norteamericanos ¡imagínense lo que supondría -para sus acciones políticas concretas- iniciativas sociales y económicas de mayor profundidad tales como la democratización de los capitales, mayor equidad en la distribución de la riqueza o el ensayo de experiencias de propiedad social! ¡O el desplazamiento de sus operadores políticos por auténticas expresiones y representantes de las mayorías y ejercicio real del poder popular!
Tal situación sería el acabose, el rompimiento de todas las reglas, la justificación de todas las acciones conspirativas imaginables. La democracia, aún con esas limitaciones de democracia representativa y falaz, saltaría en mil pedazos. Para salvar los sagrados intereses de los capitalistas vale todo: Mentir, irrespetar las leyes, conspirar, sabotear la economía, los servicios públicos, utilizar todo el poder mediático en sus manos para demonizar a los gobiernos revolucionarios, exagerar al extremo sus incapacidades y minimizar o negar sus aciertos. Esconder bajo la palabra libertad su pretensión de libertad para explotar a los otros, para ocultar la verdad, para callar a quienes protestan.
Ninguna clase se suicida ni renuncia a sus privilegios. Las minorías privilegiadas no están dispuestas a respetar las decisiones de las grandes mayorías. Usarán todos los recursos, todas las armas de que puedan disponer para defender lo que juzgan su derecho y restablecer las ventajas que les garantiza una situación anterior. En Venezuela tenemos diez años en esta lucha y hasta ahora, por vías democráticas y en gran medida pacíficas, se ha venido decidiendo a favor del pueblo. Continuar por este camino es seguir trabajando para que se amplíe la mayoría que hoy es poder y se fortalezcan los mecanismos democráticos de decisión y de poder que hagan posible una sociedad más justa, más humana, más democrática y solidaria. Es decir, socialista.
Vale la pena leer el artículo de Krugman. Se encontrarán con un vivo retrato de la burguesía criolla y sus lacayos. Aquí les pongo su enlace:
miércoles, noviembre 05, 2008
Petkoff, psicólogo disonante
Uno no puede evitar sonreír cuando observa los desesperados afanes con los que la oposición pretende estructurar una crítica sensata y consistente al gobierno bolivariano. Se echa mano de cuanto “argumento” esté al alcance, tenga o no que ver con el asunto de que se trate. Y cuando se agota el arsenal de socorridas y recurrentes acusaciones, se lanza, entonces, al ruedo, alguna frase o sustantivo altisonante, o novedoso, que dé el brillo que la argumentación no consigue por sí misma.
En ese afán, hoy, Petkoff –refiriéndose al Presidente Chávez- nos regala una parrafada de antología: “Este hombre está seriamente desequilibrado y ya ni siquiera se da cuenta de lo que dice. Incluso pareciera padecer de una seria patología psicológica conocida como disonancia cognoscitiva. La realidad va por un lado y él va por otra”. El voto o la vida. TalCual, 27/10/2008.
Pasemos por alto, por ahora, la pretensión de Petkoff de reducir la política al ámbito de la psiquiatría o la psicología individual. Tan cómodo recurso le permite dejar de lado al pueblo y al gran movimiento popular estructurado alrededor de esa política y que hoy consigue expresión en miles y miles de comunidades a lo largo y ancho del país. Pero, al fin y al cabo, esa es otra discusión.
Del párrafo comentado resalta otra cosa: La manifiesta ignorancia sobre la teoría de la disonancia cognoscitiva y el uso abusivo que hace de ella Petkoff para explicar la conducta del Presidente.
Lo primero que hay que decir es que la disonancia cognoscitiva no es una enfermedad y, mucho menos, una patología psicológica, como cree Petkoff. Es, por el contrario, un fenómeno psicológico absolutamente normal, cotidiano y harto frecuente. Más aún, puede ser una poderosa fuerza motivacional para el cambio. De acuerdo, a los investigadores que le han estudiado, puede tener a nivel psicológico la importancia que en el plano fisiológico tiene el hambre que induce a quien la experimenta a desplegar una serie de actos en función de satisfacerla o reducirla. Puede ser un mecanismo extraordinario para el crecimiento personal y para una relación más consciente con la realidad. En fin, cuando una persona que ha mantenido, por ejemplo, una determinada creencia y entra en contacto con una información que la niega o experimenta una conducta contraria a dicha creencia, se ve inducido a cambiar de creencia, de conducta, o conciliar las posturas contradictorias como manera de reducir la incomodidad o tensión que le produce esa disonancia.
Los teóricos del asunto se refieren a este concepto como tensión, conflicto, desarmonía, incomodidad, inconsistencia, no concordancia, etc., -nunca como patología- que surge entre cogniciones contradictorias en el individuo y provocan en él acciones específicas para reducir esa tensión mediante su negación, mediante cambios de cogniciones u otras estrategias de conciliación. León Festinger, el autor de la teoría, llama cognición “cualquier conocimiento, opinión o creencia sobre el medio, sobre uno mismo, o sobre la conducta de uno”. En todo caso, se trata de cogniciones del sujeto, del individuo y la consonancia o disonancia cognoscitiva se refiere a la relación de armonía o desarmonía que existe entre sus cogniciones. En ese sentido, nada que ver, en tanto fenómeno subjetivo, con que la realidad vaya por un lado o por otro. La conexión o desconexión del individuo con la realidad apunta a otros fenómenos psicológicos o psiquiátricos, no a la disonancia cognoscitiva.
Por ejemplo, en este momento Petkoff, -si alguien se molesta en mostrarle la definición de lo que es la teoría de la disonancia cognoscitiva-, tendría esta tensión específica: La asume como cierta y en lo adelante se referirá a ella en esos precisos términos o, la desechará, viendo en ella una maniobra distractora de chavistas sin oficio que por esta vía buscan hacer olvidar lo importante.
En mi modesta situación de lector, experimento también una disonancia cognoscitiva. Por una parte, puedo creer que Teodoro Petkoff es un editorialista informado, que opina sobre la base del conocimiento cierto de las situaciones sobre las que se pronuncia y que es leal en su argumentación. Pero, por otra parte, hoy tengo una cognición que niega esta creencia porque eso que esboza como disonancia cognoscitiva no se compadece con la definición que dan los que saben sobre el asunto –no está informado, no sabe de lo que habla y no es leal en la argumentación. Alguien podría argüir que exagero la nota, que al fin y al cabo todos ignoramos grandes parcelas del conocimiento humano y que son frecuentes este tipo de equivocaciones. Podría incluso agregar que esta cacería de gazapos sólo persigue descalificar al editorialista sobre aspectos accesorios y, de esta manera, quitarle fuerza sobre los aspectos sustanciales de la argumentación. Pero –y esta es mi razón-, ocurre que sobre base tan falsa se construye una acusación, para decirlo en el tono de Petkoff, seria. Nada menos y nada más que catalogar a una persona de desequilibrada y sobre la base de tal calificación interpretar su conducta política y personal.
Una reflexión subsidiaria de esta disonancia cognoscitiva es la que se desprende del contraste de quien se la pasa censurando “insultos” y “agresiones” del Presidente y, sin embargo, no tiene ningún empacho en practicar lo que con tanto ahínco critica, sin por ello, al parecer, experimentar ninguna tensión psicológica que lo induzca a conciliar dicha disonancia. Más aún, se ha especializado en inventar remoquetes para colgárselos a quien se manifieste partidario de la Revolución Bolivariana, en especial si es funcionario gubernamental, del Presidente de la República hasta el más humilde servidor público. Y no se trata de un insulto eventual, lanzado en medio del calor y la emoción de una concentración de masas. No. Basta con leer el editorial de cualquier día, que se supone escrito meditadamente, si cabe, para conseguirse la repetición de los mismos insultos y remoquetes. Con tales prácticas, Teodoro Petkoff no puede aspirar a que se tomen en serio sus cuestionamientos. Menos aún con este record antológico de hacer en un párrafo de tres oraciones seis afirmaciones falsas: Las correspondientes a las oraciones y la que corresponde a la relación lógica que las une.
martes, marzo 04, 2008
Teodoro Petkoff, romulero confeso y uribista militante
Uno no gana para decepciones. Hace una semana Teodoro Petkoff, bajo su álter ego Simón Bocanegra, incitaba a los lectores de Talcual a reconocer en Rómulo Betancourt “uno de esos venezolanos de los cuales el país puede sentirse orgulloso”. Previamente había dicho que “no todo en él era virtud, no todo en él fueron aciertos” que es como decir: casi todo en él era virtud, casi todo en él eran aciertos.Tambien le reconoce como quien “colocó la primera piedra” de nuestro régimen democrático; o para decirlo en lenguaje adeco, el padre de la democracia, pués. Para que no quede dudas de su afiliación ideológica, Petkoff, el pasado domingo, en el diario ecuatoriano El Universo, le dice a la periodista Marjorie Ortiz, “Si queremos usar una etiqueta conocida, yo diría que yo soy un socialdemócrata…” y, además, cree que el discurso de izquierda debe girar en torno a “la compatibilización del mercado y el Estado”.
Por cierto, que en esto de hacerse romulero, Petkoff, no estuvo sólo; pués, al siguiente día, Pompeyo Márquez hacía coro con un panegírico similar en el cual, con más entusiasmo y mayor desvergüenza, hace una autocrítica sobre su pasado revolucionario, un auténtico mea culpa comparable al de Bujarin ante el tribunal de Stalin, sin la justificación de haber sido torturado o aterrorizado por nadie. Además, de describirnos como “lo máximo” de su experiencia política haber compartido una “concha” con Rómulo Betancourt, nos asegura que, en las polémicas con la izquierda, siempre éste tuvo razón y, en contrapartida, la izquierda -a la que perteneció Márquez-, siempre estuvo equivocada. “Rindo honores a los compañeros asesinados, torturados, desaparecidos”; pero, Betancourt “tuvo razón en combatir la insurrección”, dice Pompeyo Márquez. Es decir, están bien asesinados, torturados y desaparecidos los compañeros víctimas de esa década.
Pero, al fin y al cabo, eso es el balance de sus vidas y tienen todo el derecho de renegar de su pasado y colocarle todos los parches ideológicos que les venga en gana.
Sin embargo, donde la reflexión retorcida se hace patética es a propósito de la violación del territorio ecuatoriano por parte de Colombia. Sobre este asunto, Petkoff escribe dos editoriales de TalCual: “Aguajes peligrosos” (03/03/2008) y “Escalada peligrosa” (04/03/2008). En el primero, acusa al Presidente Chávez de escandaloso, irresponsable y entrometido y, en el segundo, en perjuicio de Ecuador y Venezuela, interpreta el incidente asumiendo como verdadera la sacrosanta palabra del gobierno de Uribe Vélez.
Dice en el primer editorial: “En fin de cuentas, si alguién tenía que reclamar algo era el gobierno ecuatoriano. El incidente militar fue en territorio ecuatoriano, no en el nuestro. Venezuela no tiene nada que reclamar”. Con esta olímpica actitud, Petkoff banaliza la incursión colombiana y le niega toda importancia al hecho de que un país lance bombas al territorio de su país vecino, dé muerte a ciudadanos en ese territorio, secuestre los cadáveres y sus pertenencias, mienta al presidente de ese país sobre la verdad de los hechos, argumentando legítima defensa y combates inexistentes y, además, informe ocho horas despúes de los sucesos. Por otra parte, Venezuela si tiene que ver con el asunto; pués, Colombia no sólo es nuestra vecina sino que ha exhibido conductas similares hacia nuestro país y lo sensato es precisamente detener esa conducta antes que se vuelva rutinaria y pueda originar desenlaces bélicos muchísimo más graves. ¿O vamos a esperar de manos cruzadas que estos se produzcan y no haremos nada para evitarlos?
En cuanto el segundo editorial, el de hoy 04/03/2008, Petkoff admite que la situación se ha vuelto preocupante, no por una comprensión cabal del incidente y sus consecuencias, sino por “las revelaciones del Jefe de la Policía Nacional colombiana”, asumiendo como verdaderas dichas versiones –con un vergonzoso saludo a la bandera: “de ser ciertos los documentos mostrados”; pero, tratados como si lo fueran. A su juicio, no es un montaje la versión ni las acusaciones colombianas. ¿La razón? ¡Un ministro ecuatoriano admitió que se reunió con Raul Reyes! Petkoff cree que esto es suficiente para pensar que pueden ser ciertas todas las demás acusaciones colombianas. Sin embargo, no dice que el ministro ecuatoriano también apuntó que esa reunión se hizo con el aval de Uribe y fuera del territorio ecuatoriano.
A partir de aquí, sobre la base de anfibologías, sofismas y la utilización de un lenguaje sibilino, va exponiendo su posición: Es verdad que los colombianos vulneraron el derecho internacional, “en su consideración abstracta”, al irrumpir en territorio ecuatoriano y Uribe no le dijo la verdad a Correa. Describe de manera aséptica lo sucedido: Irrupción que no hace referencia al consentimiento o la violación y Uribe no mintió –si no que no dijo la verdad, porque a juicio de Petkoff los militares le dieron una versión tergiversada; cuestión, por cierto, que no ha dicho Uribe ni ningún representante del gobierno colombiano-. Y después de esta lección de mesura, concluye que el reclamo de Correa es pertinente –no que el reclamo es justo y debe recibir el apoyo de la comunidad internacional, como cabría esperarse, sino que sencillamente es “pertinente”; es decir, tiene que ver con el asunto, pero no necesariamente tiene razón.
Pero, lo realmente decepcionante e insólito son sus consideraciones sobre las razones colombianas para actuar de la manera que lo hizo: Que si Uribe se había quejado de la presencia de la Farc en Ecuador; que las selvas ecuatorianas son un santuario para esta organización guerrillera y que si dormían “empiyamados” era una muestra de que se sentían seguros y protegidos en ese país. Este es sin duda el desboque uribista de Petkoff: Se olvida de la información suministrada y las reflexiones hechas por Correa el día anterior al editorial de Talcual: El gobierno de Correa ha desmantelado 47 campamentos guerrilleros en las inhospitas selvas ecuatorianas e informado debidamente al gobierno colombiano; debido al conflicto colombiano, Ecuador se ve obligado a gastar millones de dolares al año para atender sus fronteras; y denuncia que Colombia mantiene desguarnecida su frontera y pretende que sea el Ecuador quien se encargue de reprimir a los irregulares. También olvida Petkoff que hace apenas unas semanas, Correa decía que Ecuador limitaba al norte con la Farc, para enfatizar así el abandono con que asume el Estado colombiano esa región. Y, sobre todo, Correa señaló la incapacidad de Uribe para desmantelar en su propio territorio las zonas ocupadas por la Farc, contando como cuenta, con un ejercito colombiano cuarenta veces mayor que el de Ecuador.
Teodoro Petkoff llega incluso a la idea extravagante de proponer que se estudie la manera de sancionar a los países que no puedan controlar la presencia de grupos irregulares que, a su vez, no pueden derrotar los ejércitos de los países en conflicto. A su juicio, Colombia tenía que hacer algo, y por esta extraña vía reflexiva, se termina comprendiendo –sino justificando- la agresión contra Ecuador. En realidad, piensa uno, si algo hay que hacer con este asunto es que los países en conflicto deban indemnizar a los países vecinos que se vean obligados a aumentar sus gastos militares y destinar recursos excepcionales a atender los problemas creados por esa situación.
En lo personal, no me atrevo a estirar más allá de lo evidente las afirmaciones de Teodoro Petkoff. Lamento su incomprensión del enorme peligro que representa para la tranquilidad y la paz de nuestros países la existencia de una política de intervención y de violación del derecho internacional –concretísimo, por cierto, pués, bombas y ejecuciones son experiencias concretísimas- y deploro que prevalezcan intereses políticos mezquinos, antes que la solidaridad entre nuestros pueblos para prever y resolver problemas comunes. Igualmente es lamentable que su posición sobre este asunto sea coincidente con la del portavoz del Departamento de Estado gringo, Tom Casey, quien señaló que apoyan los esfuerzos de Colombia por responder ante la amenaza del terrorismo y por tanto, la acción contra Ecuador y, además, sostiene que no ve “ninguna razón para que otro país pudiera involucrarse en este tema”.
domingo, febrero 17, 2008
Cortocircuito en la prensa colombiana
La página web de El Tiempo, Bogotá, publicó hace ya algunos días, una nota que da cuenta de la decisión de la General Motors de trasladar parte de su producción a Venezuela. Dicha empresa tenía previsto para el presente año exportar a nuestro país 43.500 vehículos desde sus plantas de Colombia y Ecuador; pero, debido a los controles aduanales establecidos en Venezuela para estimular la producción nacional, General Motors llegó a la conclusión que le resultaba mejor negocio hacer este traslado. Hasta aquí la breve noticia.
El efecto que produjo esta noticia sobre los asiduos lectores de El tiempo es sencillamente devastador. Lo que no es más que una decisión económica rutinaria en el sistema capitalista, determinada por la lógica del máximo beneficio con el mínimo de recursos y esfuerzos, provoca en los adoradores del imperialismo norteamericano, confusión, contradicciones y hasta indignación y rabia.
En mensajes recogidos en la misma página del periódico hay expresiones de preocupación debido a la importancia de Venezuela para los productos colombianos; algunos lectores se quejan del abandono de los gringos a pesar de toda la voluntad del gobierno colombiano por defender sus intereses; hay quienes encuentran como razón de la decisión de la General Motors que, ante la ausencia de controles aduanales protectores de la industria nacional en Venezuela, le resultaba mejor contratar la mano de obra colombiana, desprotegida y peor pagada; otros se rebelan contra Uribe acusándolo que con su actitud de entrega se aleja de Latinoamérica en función de imperialistas que no dudan en irse a otro lugar cuando las ganancias se mudan también y, sobre todo, los lectores cuestionan si será cierta esa imagen de una Venezuela empobrecida y en el caos por obra de la gestión de Chávez que ha pintado con tanta furia la prensa colombiana. Hay incluso quien afirma que el atractivo que tiene Colombia para las inversiones gringas es que tiene al lado el atractivo mercado venezolano; pero, que bastaría mayores controles en la importación de mercancías por parte de Venezuela para ver como esas empresas emigrarían de inmediato. En fin, la actitud pro-gringa de Uribe aleja a Colombia del vital mercado venezolano, conduce al cierre de empresas y lanza a la calle a miles de trabajadores.
No soy de los que salta de alegría por esta decisión de la empresa gringa. Básicamente porque revela lo que todo el mundo sospechaba: Que las empresas importadoras de automóviles obtenían bajo este mecanismo el acceso a dólares oficiales, multiplicando sus ganancias y utilizándolos para otros fines y, porque soy de los opuestos a la fabricación irracional de vehículos que inundan las ciudades, haciéndolas intransitables e invivibles, sin mencionar la destrucción ambiental y el aire irrespirable. Pero no dejo de sentir una leve satisfacción; pues, estos hechos mueven a la reflexión y a la duda en una opinión pública colombiana aletargada por la propaganda sobre el libre comercio y las bondades del capitalismo.
Conclusión: La realidad es terca. Por más que los medio de comunicación intenten tergiversarla, manipularla y poner sus versiones al servicio de sus intereses, los hechos terminan por colarse por alguna parte y hacerse corpórea la afirmación de Lincoln: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.