viernes, noviembre 27, 2015

Entre malandros te veas


Por Rafael Hernández Bolívar

Las alianzas con la delincuencia para conseguir objetivos políticos se pagan caro

No es lo que parece

Esta verdad se ha presentado de diversas maneras en los últimos tiempos. Primero aprendimos a no prestar oídos crédulos a los rumores y las afirmaciones que corrían en la calle. “No creas nada de lo que escuches”, decíamos. Después, con los “pistoleros” de Puente Llaguno, aprendimos que tampoco podías creer lo que veíamos a través de la televisión. Siempre se podía alterar la imagen con un enfoque particular, con una toma que mostraba determinados ángulos y dejaba por fuera otros más significativos. Dijimos, entonces: “No creas nada de lo escuches y sólo la mitad de lo que veas”.
Con ese aprendizaje a cuestas, el pueblo somete a un escrutinio riguroso lo que pasa a su alrededor o lo que difunden los medios. Se calibra minuciosamente el momento, el emisor, el mensaje, el medio y lo que está en juego en cada oportunidad.

Más aún, desde que una comisión internacional estudió el caso del asesinato del abogado guatemalteco Rodrigo Rosenberg, se agotó toda nuestra capacidad de asombro a propósito de los vericuetos, las tácticas y las estrategias que puede asumir una conspiración. Como se recordará, cuando el abogado fue asesinado, se difundió un video en que éste aparecía diciendo que si en ese momento se estaba viendo el video era porque ya había sido asesinado por Álvaro Colom, para ese momento presidente de Guatemala. Con semejante denuncia, la víctima delatando con antelación a su asesino, el pueblo se vuelca a la calle exigiendo justicia y la renuncia inmediata del Presidente.

Se nombra una comisión internacional con el respaldo de la ONU que inicia su investigación trabajando dos hipótesis: 1) El Presidente había mandado asesinar a Rodrigo Rosenberg. 2) Opositores a Álvaro Colom, bajo engaño, habían convencido al abogado Rosenberg de los planes de su asesinato por parte del gobierno, le habían persuadido de la conveniencia de la grabación del video y, una vez obtenido ésta, lo habían asesinado para culpar al gobierno.

Después de una exhaustiva investigación,  la comisión nombrada refuta ambas hipótesis y descubre una revelación totalmente inesperada e increíble: Víctima de una depresión severa por una situación de la cual responsabiliza erróneamente al gobierno, Rosenberg decide acusar al gobierno planificando y ordenando su propio asesinato. 

Es decir, la más insólita explicación, por irracional y estrambótica que parezca, puede ser la verdadera, como ocurrió en este caso.

Violencia delictiva, no política

La política –y quienes se dedican a ella- debe estar orientada no sólo por planteamientos claros y profundos sobre nuestra realidad social, económica y cultural sino también dirigida por sólidos principios éticos. Quienes ocupen los puestos de liderazgo debe ser gente honesta, honorable, pacífica, con apreciadas virtudes ciudadanas. Y esto es válido por igual para la oposición y el gobierno. De esta manera, la política sería la confrontación de ideas y de propuestas que giran en torno a la dinámica social, a sus ingentes problemas y a sus posibilidades de solución. Por lo menos en cuanto a nuestra realidad nacional. Las agresiones extranjeras es otra cosa: Las pautas las dictan ellos.

Pero lamentablemente se ha venido acentuando la irrupción de impresentables que no sólo vienen de la delincuencia sino que se mantienen ejerciendo sus actividades habituales a la par que hacen de dirigentes y hasta de representantes de las comunidades. E, indistintamente, utilizan la delincuencia para la política o, al revés. La prensa reseña dirigentes campesinos muertos por el sicariato contratado de ganaderos o de latifundistas o, sindicatos cuyos representantes se enfrentan a plomo limpio por la potestad de otorgar puestos de trabajo o contratos. La vinculación entre narcotráfico y política tampoco es inusual. Y, para nuestra desgracia, hasta el paramilitarismo asoma sus fauces.

Y es que el sector más radical de la derecha no tiene pruritos en aliarse con quien sea para salir del gobierno democráticamente elegido por el pueblo venezolano y, con semejantes acuerdos, disponer a su antojo de los recursos del país. Aliado, por cierto, que deja siempre una estela de países fantasmales, abismados de muerte, de destrucción, de miseria, de anarquía y de violencia. 

El gobernador del Estado Guárico, Ramón Rodríguez Chacín ha descrito la situación en una frase lapidaria: “ El que anda entre bandidos, se ve involucrado en pleitos entre bandidos”. Porque, aún concediendo laxamente la posibilidad de que los integrantes de la MUD no estén relacionados con las prácticas delictivas desveladas por el incidente de Altagracia de Orituco, lo cierto es que asociarse con delincuentes trae consigo estos desgraciados episodios.

¿Por qué allí?

Sin embargo, hay muchos puntos oscuros. Los hechos no quedan claros ni  aún admitiendo que la muerte de Luis Manuel Díaz es la ejecución derivada del enfrentamiento entre bandas rivales. Por ejemplo, ¿por qué un asesino decide dar muerte a su víctima en un espacio público concurrido, ante la presencia de muchos testigos; en lugar de buscar momento y ambiente más apropiados a ese fin? ¿Por qué ese asesinato estuvo precedido de denuncias de Lilian Tintori sobre inminentes atentados contra su vida, reseñados profusamente por la prensa internacional? ¿Cómo es eso de la avioneta siniestrada en tierra, sin lesionados, incendiada y sin frenos? ¿Realmente hubo un intento de impedir el vuelo desde Margarita? ¿Es que acaso no es habitual impedir o posponer un vuelo cuando no está programado para ese momento? ¿Por qué la precipitación de Ramos Allup, incluido el detalle preciso “desde un vehículo”, en un mitin, en donde se supone la presencia, por lo menos, de cientos de personas?

Parece la ejecución de una gran representación en que los papeles han sido cuidadosamente repartidos y los actores, sin saber la trama, se limitan a moverse sobre el escenario sin tener conciencia de lo que hacen ni su destino final, aun teniendo claro sus objetivos.

miércoles, noviembre 25, 2015

Decepción y ruptura


Por Rafael Hernández Bolívar

El ex-canciller uruguayo, Luis Almagro, ha hecho comparsa con la derecha internacional para agredir, en pleno proceso electoral, al CNE, la institución venezolana de ganado prestigio, clave en la resolución democrática de las confrontaciones políticas en nuestro país.

Almagro fue testigo de excepción de los esfuerzos integracionistas y democráticos de la Revolución Bolivariana y, particularmente, de sus esfuerzos para la participación de los sectores excluidos de la sociedad venezolana.

Sin embargo, desde su condición de actual Secretario General de la OEA, ataca al árbitro electoral, haciendo suyas opiniones parcializadas. De esta manera, atribuye, a la mayoría de los países miembros, opiniones contrarias a las expresiones de reconocimiento y de apoyo al CNE que esos mismos países han manifestado en numerosas oportunidades.

Hoy, esos países se sienten traicionados. El elegido con sus votos le ha importado muy poco darle la espalda, no sólo a la institucionalidad venezolana, sino también a su antiguo jefe.

Prefiere hacer causa común con los ataques permanentes de EEUU contra la democracia venezolana. Francisco Palmieri, Subsecretario de Estado adjunto para América Central y el Caribe por Estados Unidos ha dicho: “Las elecciones que vienen en Venezuela son cruciales… y aplaudo las observaciones de Almagro”.

Todas las descalificaciones contra el CNE, incluidas las de Almagro, persiguen preparar el terreno para hacer creíbles las denuncias de fraude con que la oposición antidemocrática, la que no respeta las decisiones del pueblo, justifica sus derrotas electorales.

Po eso, Pepe Mujica, con toda claridad, con la firmeza moral de quien ha dedicado su vida a la construcción de caminos para la Revolución Latinoamericana, sin ambages y con la precisión de quién sabe quienes son los verdaderos enemigos, hace una ruptura radical con Luis Almagro: “Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido”.

viernes, noviembre 20, 2015

“… te digo adiós y me despido.”


Por Rafael Hernández Bolívar

Pepe Mujica,  el ejemplar líder uruguayo, pone los puntos sobre las íes en la actitud del Secretario General de la OEA hacia Venezuela

No se gana para decepciones

Insondable debe ser la decepción del gran Pepe Mujica:  El ex-canciller uruguayo, Luis Almagro, ha hecho comparsa con la derecha internacional para agredir al Consejo Nacional Electoral, una institución venezolana de ganado prestigio, clave en la resolución democrática de las confrontaciones políticas, en el momento en que se realiza un proceso electoral destinado a escoger los integrantes de la Asamblea Nacional. Nada más y nada menos que atacar al árbitro del proceso, haciendo suyas opiniones parcializadas y adoptando la actitud de instructor, juez y dictaminador  de los hechos sobre las acusaciones de supuestas irregularidades que tendría el sistema electoral de nuestro país. Para colmo avala esta conducta desde su condición de actual Secretario General de la OEA, atribuyéndole, a la mayoría de los países miembros, opiniones contrarias a las expresiones de reconocimiento y de apoyo al CNE que esos mismos países han manifestado en numerosas oportunidades.

Y la decepción no sólo es porque el susodicho Almagro fue miembro del equipo gobernante durante el período de José Mujica y, en consecuencia, fue testigo privilegiado de los esfuerzos integracionistas y democráticos de la Revolución Bolivariana y, particularmente, conocedor de sus esfuerzos para profundizar la participación de los sectores excluidos de la sociedad venezolana, de esa expresión tan paradigmática que popularizó Latinoamérica: visibilizar a los tradicionalmente invisibilizados, a quienes se le negaba hasta el derecho a tener la cédula de identidad que permite ejercer el voto.

Prefiere hacer causa común con los ataques permanentes de EEUU contra la democracia venezolana. Si alguna duda quedase sin resolver, basta con recordar las palabras de Francisco Palmieri, Subsecretario de Estado adjunto para América Central y el Caribe por Estados Unidos: “Las elecciones que vienen en Venezuela son cruciales… y aplaudo las observaciones de Almagro”.

Pero la decepción da paso a la indignación cuando se constata que la ocupación por Almagro de su actual cargo tiene mucho que ver con el apoyo que le han brindado los países de avanzada, apoyados en el prestigio de formar parte del equipo gobernante de Pepe Mujica. Hoy, esos países se sienten traicionados. El elegido le ha importado muy poco darle la espalda, no sólo a la institucionalidad venezolana, sino también a su antiguo jefe. Sobre la posición del ex-presidente uruguayo ha dicho: "Al respecto no tengo ningún problema sobre eso".

La impecable consecuencia revolucionaria de Pepe Mujica viene, una vez más, a colocar las cosas en su sitio: ¡Hasta aquí llegamos! 

La carta insolente

El 10/11/15, Luis Almagro escribe a Tibisay Lucena, dignísima presidente del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, una carta insolente, irrespetuosa e insultante. En esa correspondencia hace observaciones infundadas, cuando no abiertamente falsas, sobre el sistema electoral venezolano. Dejando de lado el marco constitucional y leyes específicas que rige a dicho sistema, obviando la necesaria referencia legal a la cual debe ceñirse cualquier evaluación sobre el mismo, toma por hechos lo que no son más que acusaciones propagandísticas de un sector de la oposición venezolana; hace afirmaciones difamatorias sobre las prácticas electorales y, específicamente, pone a circular irresponsablemente descalificaciones sobre las elecciones parlamentarias a celebrarse el próximo mes de diciembre.

Todo esto sin ninguna fundamentación seria. A menos que tomemos como digna de crédito expresiones como “me han notificado”, “se me informó” y otras similares que utiliza Almagro en su carta. O asumamos como muestra de imparcialidad, la reconocible posición de la derecha internacional desde donde Almagro descalifica como “como posicionamiento político” lo que debe asumirse como lo que es: una decisión institucional, firmemente sostenida en la Constitución Bolivariana de Venezuela. ¿Dónde está el organismo, la comisión ad hoc o el estudio objetivo que le llevó a esas disparatadas conclusiones?

Hay preguntas fundamentales que no admiten otra respuestas que las positivas. De acuerdo a las leyes venezolanas, ¿todos los venezolanos tienen derecho al voto? ¿pueden ejercer ese derecho? ¿Todo ciudadano que lo desee, de acuerdo a los requisitos legales, puede optar al derecho a ser elegido? ¿Puede promover su candidatura y hacer propaganda para difundir sus propuestas? ¿La organizaciones políticas pueden presentar candidatos y listas de candidatos? ¿Tienen los partidos políticos testigos en todas las fases de la gestión electoral? ¿El proceso de votación garantiza la voluntad del votante? ¿Los candidatos ganadores, sean de la oposición o sean del partido gobernante, son proclamados como tales y asumen los cargos para los que fueron elegidos? ¿Es el sistema electoral venezolano paradigma de trasparencia, precisión y fiabilidad? ¿Es audible?

Todas las descalificaciones contra este sistema electoral, incluidas las de Almagro, persiguen preparar el terreno para hacer creíbles las denuncias de fraude con que la oposición antidemocrática, la que no respeta las decisiones del pueblo, justifica sus derrotas electorales.

Ruptura radical

No podía ser otra la conducta del revolucionario cabal que es Pepe Mujica. Con toda claridad, con la firmeza moral de quien ha dedicado su vida a la construcción de caminos para la Revolución Latinoamericana, sin ambages y con la precisión de quién sabe quienes son los verdaderos enemigos, hace una ruptura radical con Luis Almagro: “Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido”.

lunes, noviembre 16, 2015

La confesión de Franklin Nieves

Por Rafael Hernández Bolívar

De la euforia a la decepción, del valiente funcionario al cobardón desnudo

Sin pruebas ni principios

En apenas un par de semanas, la euforia inicial de la oposición –generada por las declaraciones del hoy ex-fiscal- ha devenido en un fallido intento de mantener vivo el discurso descalificador que la derecha internacional propaga contra la justicia venezolana. Parece que la llamada “confesión” no da para más. No hay contundencia ni aporta pruebas. Sólo señalamientos generales que se apoyan exclusivamente en la palabra de quien comienza admitiendo que, hasta ahora, había mentido y había sostenido acusaciones con pruebas falsas. ¡Cómo para creer en su palabra!

Quizás este desenlace se debe no sólo a la fragilidad de las acusaciones sino, sobre todo, a la pequeñez moral del sujeto acusador. La sociedad de hoy está familiarizada con la exaltación de célebres defensores de la justicia y de los derechos ciudadanos, popularizados en películas, libros y testimonios memorables. Pero he aquí que el personaje que están vendiendo ahora no lo adornan precisamente los valores de honestidad, justicia y valentía. El contraste es muy evidente. Lo que revelan sus declaraciones es que su actuación está plagada de doblez, simulación, engaño y cobardía.
La dimensión moral, en toda su desnudez, entra en juego, cuando quien comete un delito, realiza la acción con la absoluta conciencia de lo indebido de su conducta.  Por el lado que se le mire, ese es el caso de Franklin Nieves. No hay justificación moral de ningún modo.

Si, a manera de concesión hipotética, damos como cierto lo que dice en Miami; sus afirmaciones nos rebelan un individuo que supuestamente estaba consciente de la inocencia del acusado y de manera deliberada, por el temor a quedarse sin cargo burocrático, hizo todo el esfuerzo para culparlo y fabricó las pruebas que estimó necesarias para inducir la condena. Es decir, de acuerdo a su versión, Franklin Nieves, para ese entonces Fiscal del Ministerio Público venezolano, participó como colaborador o ejecutor de procedimientos que violaban el derecho al debido proceso de un ciudadano sometido a un proceso judicial.

Agréguese a esto el motivo fútil de esa conducta: La amenaza de despido como funcionario de la Fiscalía, dicho por el mismo Nieves  en entrevista para una televisión de Miami. En evidentes condiciones de seguridad, en un estudio de televisión que mostraba sus declaraciones al mundo, en un país que conceptúa como "garante" de los derechos humanos, un periodista le pregunta que si le habían amenazado con secuestrar a su familia, quitarle la vida o mandarlo a la cárcel, Franklin Nieves dice que a él, en una oportunidad, su jefe lo amenazó con despedirlo.

En varias entrevistas reitera esa versión. Así, en el diario español El País (31-10-15), el periodista le pregunta: “¿Personalmente sufrió amenazas?”. Responde: “No, no, pero estaban latentes”.  De manera más directa, Carlos Acosta en el Programa “Aló, Buenas Noches”, Miami, pregunta: “¿En algún momento te dijeron si te echas para atrás te saco esto, te saco aquello, o te destrozamos o te matamos o te metemos preso?” Respuesta: “No. Quien era mi jefe lo que me amenazó fue con destituirme.”

En otras entrevistas ni siquiera habla del despido sino de su carrera como funcionario, las posibilidades de traslado, de ascenso y hasta de obtener una jubilación ventajosa. Como se ve, ¡puro desprendimiento! ¡“sólidos principios morales de justicia y de defensa de los derechos humanos” orientados hacia la democracia, las instituciones y la sociedad!

Si por una amenaza de despido, en caso de que en verdad se haya producido, hecha en una oportunidad por su jefe inmediato, -no por el Presidente, ni por la Fiscal General, ni el Vice-fiscal, ni siquiera por el Jefe de División, todos ellos por encima de su jefe inmediato-, es capaz de alterar o fabricar pruebas para condenar a un "inocente", además que no le era desconocido, pues sus hijas compartían colegio con los hijos del acusado, ¿qué hubiese hecho si la amenaza proferida implicase un riesgo de su vida o de sus familiares? ¡Cabría esperar que sacrificaría hasta a su propia madre!

Un cómplice inesperado

En su peculiar striptease moral, Franklin Nieves admite que le dijo a Leopoldo López: “yo sé que tu eres inocente… pero tu condena está escrita. No tienes salvación, la orden viene de arriba y lo que quieren es inhabilitarte porque te tienen miedo”. Es decir, de manera insólita, uno de los abogados encargados de promover las pruebas en el juicio, le dice al acusado que es inocente y que “su condena está escrita”. Pero, más increíble todavía, el procesado, con esa valiosa información en las manos, sabiendo además que Nieves, por temor a que lo despidan, va a cumplir con su “tarea” de montar pruebas que lo condenen, Leopoldo López, en lugar de denunciarlo ante el Tribunal, o fuera de él, de acuerdo a la disposición que tiene de la prensa internacional, opta por el silencio y hace de cómplice pasivo de la supuesta farsa.

Más aún, apenas el ex-fiscal confiesa su supuesto delito, López y su familia se apresuran a otorgarle el perdón por el regalo de los catorce años de cárcel. ¿En qué lógica encaja esto?


Parece que Diosdado Cabello tiene razón al afirmar que Franklin Nieves participó en el juicio con el objetivo de conducir su curso hacia la menor condena, desviando la atención del asunto medular de las 43 muertos ocasionadas por las guarimbas y, logrado lo propuesto, hacer un escándalo final para irse a EEUU a disfrutar de los  pagos obtenidos que, por supuesto, deben superar con creces los modestos recursos de una jubilación pública o de un cargo de funcionario.

domingo, noviembre 08, 2015

Franklin Nieves viajó a Miami


Por Rafael Hernández Bolívar

Con esta maniobra la derecha internacional aspiraba a fundamentar sus ataques contra Venezuela

Una distinción necesaria

Es necesario distinguir entre lo que es el juicio a un ciudadano acusado de delitos específicos y los intereses políticos en juego alrededor de ese juicio. Lo primero hace referencia a las acusaciones, a la promoción de pruebas, a los alegatos de defensa, a la tipificación del delito de acuerdo a las leyes, a la sentencia del tribunal, a las apelaciones y a la sentencia final, bien sea absolutoria o de condena. Es decir, es asunto que decide el poder competente dentro de una sociedad democrática, el poder judicial.

El aspecto de los intereses políticos en juego es otra cosa, a pesar de que la persona procesada es un dirigente político nacional y que los delitos estén asociados a acciones dirigidas a conseguir determinados objetivos políticos. Es claro que atentar contra la vida de las personas, o crear situaciones que la sometan a riesgo, no tiene justificación política de ningún tipo.

Sin embargo, el hecho de que sean procesos distintos no significa que no existan relaciones y flujos entre ambos procesos. Lo substancial es tener claro cuando un hecho se refiere a uno u a otro, cuando se apela a uno de ellos para distraer u ocultar la verdad o la inconsistencias del otro. Sólo que los procesos son diferentes y los jueces también. En uno, son jueces debidamente investidos por el poder judicial y, en el otro, es el pueblo quien juzga y determina la responsabilidad, la culpabilidad o la inocencia del procesado.

En el caso planteado por el hoy ex-fiscal Franklin Nieves, supuestamente referido al área del proceso judicial es, en realidad, una jugada política orquestada para alcanzar objetivos políticos. Pero he aquí que para desnudar ese contenido político es necesario desvelar la verdad o la falsedad procesal contenida en la supuesta denuncia. Y, a favor de sus “confesiones” y las acusaciones derivadas de ellas, Franklin Nieves no aporta nada ni le ayuda su descalificada condición moral.

Si en algo parece haber acuerdo, tanto desde la óptica de la derecha venezolana como desde la perspectiva de la Revolución Bolivariana, es el acuerdo de calificar de inmoral el comportamiento de Franklin Nieves. Para unos mintió antes y ahora dice la verdad, para otros la situación es al revés. Hay también quien piensa que mintió antes en algunas cosas puntuales y miente ahora en otras.

Pero sea cual sea la postura que se asuma sobre esto, además de inmoral, ese comportamiento tiene la cualidad de acomodarse como anillo al dedo a la estrategia que han seguido durante años la derecha internacional y su cómplice criolla. Estas persiguen socavar el prestigio democrático y el carácter protector de los derechos humanos fundamentales con que el gobierno bolivariano ha signado sus actuaciones en la resolución de los conflictos políticos del país. Para la derecha este objetivo es imprescindible. Así podría justificar acciones directas contra el gobierno legítimamente constituido, refrendado, además, en elecciones libres y transparentes.

El momento oportuno

El adefesio de confesión de Franklin Nieves se produce en el momento en que  importantes organismos internacionales debían decidir sobre asuntos relacionados con los derechos humanos, apareciendo Venezuela como centro de esas decisiones y, en el país, el pueblo se apresta a realizar el proceso electoral de renovar la Asamblea Nacional. Nieves divulga un video en el que se inculpa de haber tergiversado pruebas dentro del juicio que condenó a Leopoldo López por la incitación a la violencia que ocasionó la muerte de 43 venezolanos durante las guarimbas de febrero del 2014. Dice además que esta irregularidad es apenas una muestra de las violaciones de los derechos humanos que comete el Estado contra los miembros de la oposición venezolana acusados de diferentes delitos.

Breves días después, el 28 de octubre, la ONU debía decidir si reelegía o no a Venezuela como miembro del Consejo de Derechos Humanos de ese organismo. La derecha se mueve con la intención de impedirlo. Publica el manifiesto “Venezuela no debe volver a integrar el Consejo de Derechos Humanos”, firmada por 36 asociaciones “internacionales”, siendo más de la mitad de ellas reconocidas agrupaciones de la oposición venezolana, y entre las restantes, destaca, ese ejemplo de “pulcritud y objetividad”, llamada Transparencia Internacional, la misma que otorgó en España la calificación de Municipio de Administración más Transparente al municipio (Sabadell) en donde seis meses después terminaron presos alcalde y concejales por ser exactamente la alcaldía española de corrupción desbordada. Sin mencionar, denunciadas en su oportunidad, las gestiones de chantajes y amenazas con que, directamente, EEUU intentó conseguir votos en contra de nuestro país.

Para el 29 de octubre, el Parlamento Europeo otorgaba el Premio Sajaroj mediante el cual ese organismo reconoce anualmente al más destacado luchador por la defensa de los derechos humanos a nivel mundial. La derecha europea, encabezada en este asunto, particularmente, por el Partido Popular español, promovió la candidatura de la MUD venezolana, obteniendo una clara derrota. No obstante, pretendió entonces que el ganador compartiera el premio con su candidato, pero la proposición fue igualmente rechazada. 

El afán de la derecha española no sólo tiene que ver con su militante apoyo a la oposición venezolana sino también a su deseo de refrendar su conducta descarada de combate al gobierno constitucional de Venezuela. Le resulta insostenible de cara a la sociedad civil sostener las mentiras contra nuestro país mientras los organismos internacionales le brindan amplio respaldo. ¿Cómo explicarle a la sociedad española que el país censurado y vapuleado  por ellos, al momento de la evaluación en cuanto al respeto y expansión de los derechos humanos, salga mejor parado que España? Dos ejemplos: 1) España después de tres vueltas, es elegida como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, con 132 votos, mientras que Venezuela fue elegida para lo mismo, en una sola vuelta, con ¡181 votos! y 2) En el informe de la ONU de julio, 2015, sobre la situación de los derechos humanos en diferentes países, España sale peor parada que Venezuela, con 26 graves observaciones sobre Expulsiones en caliente, Racismo policial, Desigualdad de género, Violencia machista, Trata de personas, Ley Mordaza, Esterilización de discapacitados, Aborto ilegal, Centros de Internamiento de Extranjero, etc. En contraste, a nuestro país le reconocen el avance en determinadas áreas y le exhortar a incrementar el esfuerzo en otras. La diferencia a favor de Venezuela es evidente. 

Como se sabe, a pesar de todas estas acciones que pretendían desprestigiar y  condenar nuestro régimen democrático, Venezuela salió fortalecida y respaldada por la comunidad internacional. El Presidente Maduro saludó la decisión con estas palabras: “Victoria de Venezuela en la ONU...Gran Victoria Moral...Hemos sido reelectos para el Consejo de Derechos Humanos del Sistema de la ONU... Un Triunfo de la Diplomacia Bolivariana de Paz”.

El video de Franklin Nieves no ayudó, no convenció a nadie.

domingo, noviembre 01, 2015

El descarado Tony Blair pide perdón


Por Rafael Hernández Bolívar

Las investigaciones de la Comisión Chicot sobre la participación de Inglaterra en la invasión a Irak arrinconan al ex primer ministro

Fabricando la guerra

Tony Blair tuvo un papel muy activo en la fabricación de argumentos que “justificaran” la participación de Inglaterra y otros países en la invasión a Irak decidida por George W. Bush, presidente de EEUU. Tal conclusión se desprende de algunos datos filtrados desde la Comisión Chilcot, comisión ésta nombrada en 2009 por el entonces primer ministro británico, Gordon Brown, para dilucidar las circunstancias, las responsabilidades y el papel desempeñado por el gobierno y sus altos funcionarios en los preparativos y la invasión a Irak en 2003.

La Comisión integrada por cinco miembros y presidida por Johnn Chilcot, ha sometido a largas entrevistas y exhaustivos cuestionarios, incluido al propio Tony Blair, a funcionarios, diplomáticos y jefes de inteligencia, buscando esclarecer la fundamentación de la desacertada intervención. Ha prestado atención a los preparativos de la guerra y, en particular, a las conversaciones previas de Blair y Bush durante 2002.

Un colaborador inesperado ha sido el hacker Guccifer quien, a principios de este año 2015, penetró y reveló la correspondencia secreta del buzón electrónico de Hillary Clinton. En uno de esos documentos de marzo de 2002, el Secretario de Estado Colin Powell le informa al Presidente Bush el apoyo de Tony Blair a la eventual invasión a Irak. 

“Blair está con nosotros”, escribe Powell, señalando además que Blair aportará las frases que “fortalecerán el apoyo global”.  Estaba convencido de que traería también nuevos “éxitos regionales”.  Esto ocurría un año antes del informe sobre armas de destrucción masiva y de la consecuente justificación e invasión “derivadas” de ese informe. 

Para septiembre del mismo año, a fin de convencer de la peligrosidad de Hussein, el gobierno británico publica un informe sobre las armas de destrucción masiva, en donde Blair afirma que Irak continua produciéndolas “más allá de toda duda”. En marzo del 2003, Inglaterra participa en la invasión a Irak.

La guerra demostró la inexistencia de tales armas y los expertos hoy coinciden en que su producción se paralizó en 1991. Recientemente se ha revelado el contenido de un correo electrónico de Jonathan Powell, principal asesor de Blair, donde emite un juicio sobre el borrador del  informe sobre Irak: "El documento no prueba que Sadam sea una amenaza inminente".

Bush admite en 2008 que no había armas de destrucción masiva y que su mayor error fue hacerle caso a los informes de inteligencia. Diferentes investigaciones periodísticas han demostrado como los gobiernos de EEUU, Inglaterra y España, orquestaron una campaña propagandística en función de justificar la invasión a Irak. Vale decir que primero se tomó la decisión de invadir y, luego, se fabricaron “los informes” que “demostraban” la existencia de las susodichas  armas.

El negocio de la guerra

Una vez fuera del gobierno, a partir del 2007, Blair se dedica a los negocios y a representar a la Unión Europea, ¡vaya ironía, como “mediador para la paz en el Medio Oriente”. En un email personal dice, sin pelos en la lengua, “Estamos construyendo una serie de profundas conexiones con empresas privadas y Gobiernos en todo el mundo. Hacemos negocio y filantropía”.

En la prensa británica abundan señalamientos de los enormes ingresos que obtiene Tony Blair en esa combinación de mediador en situaciones internacionales de conflictos y su papel de asesor de grandes consorcios privados. Se le atribuye un papel destacado en la fusión de grandes empresas de alimentos, en la asesoría de la empresa petrolera PetroSaudí, en el gobierno de Kuwait, en fondos de los Emiratos Árabes, de Corea del Sur, de la empresa Louis Vuitton, de J. P. Morgan y de empresas de energía. Sus oficinas están en el sector más caro de Londres.

Se le atribuye una fortuna de 130 millones de euros, aunque, con su indudable capacidad para la oratoria y el cinismo, ha dicho: «No tengo ni la mitad de eso, ni un cuarto de eso, ni siquiera la quinta parte de eso», a la par que hace derroche de lujo y riquezas.

Sin perdón

Hoy, después de más de doscientos cuarenta mil muertos, de más de cuatro millones de desplazados, con un país en cenizas, anarquizado y destruido, Tony Blair dice “perdón”: "Quiero pedir perdón por los erróneos datos de inteligencia que recibimos. También quiero pedir perdón, por cierto, por algunos errores en la planificación y, desde luego, por nuestro fallo de comprensión al anticipar lo que sucedería con la eliminación del régimen de Husein". Llega hasta admitir que el surgimiento del terrible Estado Islámico es una de las consecuencias de aquella injustificada intervención y pide perdón también por no  haber previsto sus consecuencias para Irak y los países vecinos.

Pero he aquí que en muchas partes del mundo la gente dice que ni él, ni Bush, ni Aznar, ni los demás promotores de esa guerra, merecen perdón alguno. Al contrario se están preguntando si lo que cabe es mas bien una acción distinta: juzgarlos, como lo que son, criminales de guerra.

En la propia Inglaterra, un movimiento liderado por el laborista Jeremy Corbyn, quien en su momento se opuso a la intervención británica, no ha dudado en calificar la guerra contra Irak como “una guerra ilegal” y dice además que ya basta de que Inglaterra secunde las aventuras militares de EEUU. Hoy, Stop the War Coalition afirma que Tony Blair “debe ser juzgado como criminal de guerra”.