viernes, marzo 28, 2014

¿Cómo se entiende esto?


Por: Rafael Hernández Bolívar

La Almiranta en Jefe, Carmen Meléndez, Ministra del Poder Popular para la Defensa, dijo la semana pasada que, víctimas de disparos generados por las situaciones vandálicas que azotaron el país, habían sido muertos cuatro guardias nacionales y heridos más de setenta. El número aumentó el fin de semana con la muerte de un sargento en Mérida.  Ha dicho “No somos represores. Nos duelen las bajas, pero seguiremos adelante”. El comandante general de la Guardia Nacional Bolivariana, Justo Noguera Pietro, dijo: “Los periodistas no pueden ser detenidos”.

Si, por una parte, los Guardias Nacionales están armados “hasta los dientes” y, por otra, los “pacíficos” ciudadanos promotores de guarimbas carecen de armas y de intención de causar daño, ¿por qué los muertos y la mayoría de heridos de bala pertenecen al primer grupo y no al segundo? ¿Es que se disparan a sí mismos? ¿Es que los guarimberos son ágiles esquivadores  de balas?  ¿Tienen siete vidas?

¿No será, más exacto, decir que la Guardia Nacional, no dispara, y que sacrifica sus propios hombres para cumplir con el sagrado deber de respetar la vida y los demás derechos humanos de los manifestantes? Han soportado, estoicamente, insultos, todo tipo de objetos arrojadizos, sustancias fétidas y nauseabundas, etc. Sin embargo, son presentados por la “gran prensa” como despiadados represores y torturadores.

Es la hora de que cada venezolano entienda lo que está a la vista de todos: No se trata de protestas. Se trata de un frontal y descarado intento de acabar con la democracia venezolana e imponer un régimen a imagen y semejanza de los intereses del imperialismo.


Hay que llamar las cosas por su nombre. Un periodista no puede ser detenido por ejercer su profesión. Tampoco un médico por curar a enfermos o un albañil por pegar bloques. Pero un periodista que arroja maceteros a policías es un delincuente como lo es también un albañil que utiliza los ladrillos no para construir casas sino para arrojárselos a la cabeza de los guardias nacionales.